Curioseando algunos escritos sobre Leonardo da Vinci, encontré un breve texto traducido al español donde el italiano dice:
“Pero si nosotros sabemos que la pintura abraza y contiene en sí todas las cosas producidas por la naturaleza y por la casual obra de los hombres, y en resumen todo lo que puede abarcar con los ojos, me parece un maestro mediocre el que únicamente es capaz de realizar un solo tipo de figura. Ahora bien, ¿tú no ves cuántos y cuáles actos son hechos solamente por los hombres?, ¿no ves cuántos distintos animales y árboles, hierbas, flores, variedad de lugares montañosos y llanos, fuertes ríos, ciudades, edificios públicos y privados, instrumentos aptos para el uso del hombre, diversos hábitos y ornamentos y artificios? Todas estas cosas deben ser utilizadas con la misma habilidad técnica y capacidad por quien quiera ser considerado un buen pintor”
Se vale sobar
Hasta acá voló la pedrada. Leonardo se refiere a los pintores que en su época padecían poco dominio en representar objetos, animales y vegetación y que como incansable investigador, absorto en sus estudios, debieron parecerle muy lentos sus colegas. Es difícil indagar a qué pintores se refería Leonardo. Al abrir los libros de historia casi todos los pintores nos resultan geniales, es verdad que de pronto encontramos en algunos imágenes que repetían en diferentes cuadros, por ejemplo: en algunas obras Velásquez realiza el mismo tipo de plantas y cortinajes, o en Boticelli, en la obra La historia de Nastagio, donde una mujer es perseguida por perros, es la misma imagen de la mujer corriendo en la obra “la calumnia” sin embargo este faltante pasa
desapercibido ante otras propuestas de la misma forma o de sus majestuosas composiciones.
El conocimiento técnico de los anteriores bien llamados maestros de la pintura, en la actualidad es una cualidad por la que cojean una gran mayoría, quienes cobijados bajo el pretexto del desprendimiento de la forma, se quitan una traba gigante, brincándose el estudio del dibujo. Aprender a dibujar lleva su tiempo y tal vez a muchos les fatigue prestar dedicación a esta materia, más aún conociendo las herramientas tecnológicas que facilitan la transferencia de imágenes. En la actualidad son pocos quienes realizan la pintura de imitación, y esto pudiera ser un pretexto para olvidarse del dominio de una de las técnicas más codiciadas de la pintura de antaño.
El auge de la pintura abstracta sigue en boga
Antes de su formal aparición a principios de los noventas, la abstracción de la forma ya se había asomado en algunas obras de Turner y Cezzane, pero es hasta la llegada de Kandinsky que encuentra fuerte respaldo a través de sus escritos teóricos, en la publicación ilustrada de El jinete azul, desde entonces las declaraciones contra la pintura de imitación fueron necesarias para preparar a un público que no estaba acostumbrado a tales propuestas. En los múltiples manifiestos en contra del arte imitativo se ha difamado a las formas representativas, lanzando ofensivas palabras sobre toda la pintura o escultura anterior a ellos, tales declaraciones fueron necesarias en su momento para sentir la libertad de lo nuevo, destruir todo apego al pasado, para encontrarse ante un panorama inhabitado, desértico, con el espacio abierto a las nuevas posibilidades creativas; se retiraron lo más lejos posible de lo que se conocía como la base principal del arte de la plástica; de las técnicas tradicionales y del dominio de los materiales utilizados hasta entonces. Con tales atrevimientos de exploración, se hicieron por supuesto admirables descubrimientos, encontrando diferentes maneras y medios de expresión artística, ampliando los nombres de la nueva figuración llamándolos también: arte alternativo, nuevas tendencias o arte tridimensional, a lo que antes sólo era escultura y pintura.
Fue positiva toda esta evolución, pero una vez que se establece toda una nueva tendencia y que han dejado claras las causas de su alejamiento de lo figurativo, no debemos dejar a un lado el dibujo de imitación que como espectadores o productores no deja de resultar deleitante; admirar y sentir el deslizante recorrido de una línea, que logra con una sola herramienta transformar la realidad natural. No podemos dejar a un lado el pasado artístico, hemos entendido que el arte debe apreciarse como tal sin apegos de ningún tipo, escribió también en su momento Xavier Rubert de Ventos: “el cuadro no debe ser, pues, naturaleza de segundo grado, ni tampoco subjetividad objetivada. La obra debe ser ella”. El deleite por sí mismo sin tratar de explicar ni decir nada, sólo el arte en sí mismo, EL ARTE ENSIMISMADO como lo dice el título de su libro. Y aunque es agradable estar ante las obras actuales admirando sus contemporáneas propuestas, también es gratificante sentir el origen de la representación de la naturaleza como un medio de sentir dominio y admiración sobre ella.
*Licenciada en Artes Visuales. UAQ


