miércoles, 28 de febrero de 2007

Ni estaba Lisa ni era tan Mona

Nora Obispo*

¿Por qué es tan famosa la Gioconda? En toda la historia del arte vemos infinidad de pinturas de retrato de la misma calidad representativa que la Mona Lisa, sin embargo, ésta es la única aclamada por el gusto universal. Unos opinan que su atractivo radica en su cautivante y enigmática sonrisa, otros que su mirada, algunos más que su postura ni-de-frente-ni-de-perfil. La fascinación y el enigma que le imprimen resultan más cautivantes que la misma imagen.

Leonardo da Vinci es reconocido como uno de los grandes genios de la historia, no sólo de la pintura sino de la ciencia por sus incansables investigaciones. En sus famosos códigos (por aquello de la película) se encuentran numerosos estudios, entre ellos: el vuelo de los pájaros, la mecánica aplicada a las máquinas, la teoría de la física mecánica, la anatomía de los caballos y la figura humana. Sus estudios anatómicos así como la perspectiva atmosférica y sfumato fueron aportaciones significantes a la pintura. Sus obras son admirables pero ¿Por qué la Mona Lisa es la más reconocida?

Los datos históricos sobre la fama de esta pintura los expone José Jiménez en un texto sobre teoría del arte:

“¿Por qué esta imagen nos resulta hoy tan familiar, tan intensamente próxima? El motivo hay que situarlo en un suceso histórico muy concreto: el robo de la tabla de Leonardo, que desapareció del museo del Louvre en agosto de 1911. El hurto desató una auténtica histeria nacionalista, en el agitado clima social y político del momento, cuando se estaba ya gestando lo que sería la Primera Guerra Mundial. Pero lo auténticamente decisivo para nuestra cuestión es que las revistas ilustradas de la época, tanto en Francia como en el extranjero, al relatar la desaparición de la obra, reprodujeron masivamente, con mayor o menor fidelidad, la imagen de la pintura.

“En ese clima —continúa J. Jiménez— la imagen se hizo sumamente ‘popular’. Para reparar la ‘pérdida’ las artistas de variedades más conocidas del momento, pero también las más respetadas actrices de teatro clásico y alguna cantante de ópera, fueron fotografiadas, posando como Mona Lisa, peinadas como ella y con ropa más o menos similares. De modo casi inmediato, pasó también a las entonces novedosas tarjetas postales”, a veces como expresión de los nuevos tiempos, la velocidad de los nuevos transportes, la rapidez de las comunicaciones, gracias al tendido eléctrico y a la telegrafía.

“Asociada siempre con ‘lo nuevo’ y con la nueva sensibilidad, —prosigue Jiménez— se le pierde el respeto enseguida. Se la presenta, por ejemplo, llevando la entonces reciente ‘falda corta’, y levantándola para mostrar sus piernas, como las chicas ‘que hacen la calle’. Pero no acabó la cosa ahí. En 1914, la obra fue por fin recuperada. El causante del robo había sido un mecánico italiano, al que la policía francesa había interrogado sin éxito, que henchido de nacionalismo quería ‘devolver’ la obra del gran Leonardo al patrimonio de Italia. La tabla había permanecido cerca de tres años debajo de su cama.

“La pintura fue, entonces, de nuevo reproducida en todas las publicaciones ilustradas y en tarjetas postales. Nunca antes una obra de arte había sido reproducida como lo había sido la obra de Leonardo en ese pequeño lapso de apenas tres años. Por primera vez en la historia de nuestra cultura, una obra artística iba más allá de los canales habituales, más allá del arte, de la literatura y de la llamada ‘alta cultura’ en general, para introducirse en la cadena de las comunicaciones de masas. Desde aquel momento, comenzaría un proceso imparable por el que la imagen de Mona Lisa se independizaría de la obra original de Leonardo, explicándose así la inmediata familiaridad que sentimos hoy ante ella. No es exagerado decir que se trata de la obra más reproducida, y por ello más conocida, de todo el patrimonio artístico de Occidente” —concluye J. Jiménez.

El escándalo del robo fue la más subliminal publicidad gratuita, e hizo que de la constante observación a la misma brotara la imaginación de los observadores agregándole el sabor del misterio: estaba embarazada…, es hombre…, es Leonardo que quería ser mujer…, era su amante homosexual…, su sonrisa es misteriosa. La intervención que hace Marcel Duchamp sobre el supuesto enigma de su sonrisa es la más divertida, al agregarle a un afiche del famoso rostro un bigotito y una barbita velazqueanas.

Hoy en día sigue siendo un motivo suculento de inspiración para artistas visuales como Rafael Araiza en esta mismísima localidad, y quien para esta entrega nos presta un par de imágenes de su colección Digitales que caen como anillo al dedo.

La llamativa expresión del rostro de la Gioconda obedece al estudio minucioso de Leonardo de los diferentes gestos faciales, este logro está mejor ejecutado en “San Juan el Bautista”, donde el personaje es quien nos mira con una cautivadora sonrisa, y si de enigmas se trata propongo la mía, ¿Quién contempla a quién en esta obra? observe bien el rostro de San Juan y vea cómo en realidad es él quien nos mira.

*Licenciada en Artes Visuales, UAQ, correo: noraobispo@hotmail.com


Temporada de alquimia en el MAC


El MAC (Museo de Arte Contemporáneo) Jorge Chávez Carrillo ubicado en el frondoso Parque Regional (tres cuadras al Sur de los portales de Colima, pasando el río, con este dato la población ansiosa de arte no podrá llegar más fácil), exhibe el resultado de un taller de experimentación con materiales no tradicionales, impartido por el artista plástico Heliodoro Santos Sánchez. Una de las reglas o condiciones del taller aparte de los dichosos materiales no tradicionales, era crear sin concepto, es decir, sin querer representar nada, ni decir nada; tales palabras me recuerdan uno de los manifiestos dadaístas. (Movimiento artístico surgido en 1916).

“… Los dadaístas no son nada, nada, nada, y ciertamente no llegarán a nada, nada, nada”.

Francis Picabia,

Que no sabe nada, nada, nada

En éste movimiento pretendían… o mejor dicho no pretendían nada, Dada fue una reacción consecuente del repudio a las aberraciones de la guerra mundial, los artistas estaban en contra de una sociedad que permitía tales crueldades. A pesar de que los dadaístas querían que de sus obras no se entendieran nada, su rebeldía influyó en estilos subsecuentes. La comparación de tal movimiento con este taller aparte de esta palabra absolutista es el producir sin ningún apego a procedimientos conocidos, no pensar en reglas de composición, de color, de ideas ni mensajes, siguiendo tal estrategia se logra abrir mayores posibilidades a la solución de problemas.

Si no utilizan los materiales conocidos como pinturas, pinceles, lienzos, ¿cuál cree que fue el resultado?
Los objetos para trabajar son infinitos, sin embargo los más utilizados fueron los materiales de desecho como las hojas, ramas secas, fierros que en su mayoría seguramente fueron encontradas en el mismo parque regional. La utilización de estos materiales los hemos visto desde el arte Povera que se caracterizó por el uso de los materiales más diversos entre ellos los orgánicos y carentes de valor, tales como madera trapos, plástico, papel reciclable, etc. que representan la cotidianeidad. Aunque claro volvemos a lo anterior, los participantes del taller no querían hacer arte Dada, ni Povera; la intención del taller era producir sin apego a ideas ni representaciones, y sin querer decir algo, en esto último es obvio que no lo lograron ni lo logrará nadie por más que lo intente, la obra no se puede quedar en silencio, no pueden evitar que la obra diga. El silencio de ideas puede ser su producción, pero el resultado, a menos que se evite el espectador, es inevitable que estalle en múltiples resonancias. El diálogo se da por la información que carga el espectador, que elementos pueden usar que no conozcamos, y si no se usa pigmento este no es necesario los objetos lo traen. Cada elemento u objeto trae su textura, color e información historial, mucho más si esta gastado por el uso cotidiano o simplemente por el tiempo. Aunque el hecho de que la obra entable un dialogo con su contemplador no creo que moleste el objetivo pretendido.

Otros artistas conocidos en Colima que han trabajado con materiales parecidos son Elena Favela, y Rafael Araiza, la relación con Araiza es por esta misma libertad de crear, así como de alguno de los elementos y materia que utiliza, aunque hablar de este artista visual resulta más complejo y amplio por los años de experiencia y cantidad productiva. Con Elena, su obra en apariencia es simple, sencilla y a la vez cautivante, el tratamiento que hace en las ramas y troncos parece realizado bajo las mismas reglas sugeridas por Helio, aparentemente sin pensar, y a la vez meditado, y aunque no lo pretendan concientemente el resultado guarda un equilibro y composición. Helio esta constantemente experimentando, informándose sobre nuevas técnicas. Desde la primera obra que realizó a sus 14 años, demostró que no le tenía miedo al lienzo en blanco, ¡Dios mío, me entendió!, nos dijo el maestro Octaviano, al referirse a éste nuevo estudiante, la expresión del maestro no era exagerada, aunque sí era de miedo, si en su primer trabajo, con tan sólo 14 años de edad daba ese resultado, a donde iría a llegar. La trayectoria de Helio hasta ahora lleva buen camino y en este taller impartido propone uno de los métodos para estimular la creatividad en la producción plástica.

En el curso - taller al parecer Heliodoro nos está declarando uno de los procedimientos que él mismo sigue para producir, su espontánea libertad, aunque no podemos dejarlo en esas dos palabras, estas se aplican al momento justo de ejecutar la obra, porque sabemos que antes de eso, hay una información ya sea de reacciones de materiales, experimentación y conocimiento de lo que se va a hacer, parece que Helio se divierte al momento de trabajar y el resultado de su obra es interesante, pero si le dices a otra persona sólo diviértete al producir, eso no significa que sea lo único que necesite para lograr excelentes resultados, es un buen inicio, pero definitivamente tienen que seguirse nutriendo, investigando explorando, produciendo para seguir conservando la calidad creativa que nos ofrecieron en el Museo de Arte Contemporáneo, que en esta ocasión como pocas veces puede hacer gala de su nombre.

Nora Obispo

lunes, 26 de febrero de 2007

El poder de los medios y los medios del poder


Una sarcástica risa me arrancó el comentario de Ernesto Cortés titulado País Orwellano publicado en este mismo periódico el pasado miércoles 31 de enero, por supuesto que la risa fue por la manera en que el articulista critica nuestro comportamiento social, y digo nuestro porque en lo personal no puedo excluirme de conductas inapropiadas en cuanto a trato y convivencia con los demás, sobre todo porque me considero parte de la misma sociedad, no puedo imaginarme cómo Jesús, en el Monte de los Olivos, observando el mundo. Estoy de acuerdo con su opinión y considero que sí es necesario protestar, decir, exigir, cada quien a su manera, aunque creamos más de una vez que el intento se irá al vacío. Sabemos de sobra que los dirigentes públicos lo que menos saben y les importa es dirigir bien al país, su interés por postularse en tan jugosos cargos obedece a la codicia del poder económico que no es cualquier cosa, es nada menos que emparentar con el Poderoso Señor Don Dinero, como lo dijera el famoso poeta. Este Señor, amado por todos —en mayoría—, logra controlar, manipular y lavar cerebros en un par de segundos a través de los medios de comunicación, como lo dice Ernesto. Mi preocupación mayor no es hacia ese reducido número de personajes del poder sino a quienes hacen posible que suceda, a esa resignación, conformismo, aceptación e incluso hasta admiración de tales o cuales personajes.

Hacer televisión para los jodidos

El entretenimiento televisivo es otro fenómeno digno de analizarse, esta caja hipnotizadora e idiotizadora es la herramienta principal de manipulación masiva, si las televisoras trabajan bajo este lema como supuestamente dijo Emilio Azcárraga Milmo lo hacen muy bien, aunque he de entender que por jodidos se refieren a una mediocridad de pensamiento más que a una condición social (la pobreza cultural e intelectual queda muy bien ejemplificada con la susodicha frase). El éxito de las televisoras se lo deben a la gran masa manipulable, ya que no se le puede llamar de otra manera a los millones de televidentes que hacen posible la popularidad y existencia de tales empresas, así se alimenta la mediocridad y contradicciones de mensajes que emiten todos los días. Desde los spot que cambian la información sobre la política del país o el supuesto apoyo contra la violencia hacia las mujeres que luego revierten en sus bobonovelas.

Sobre la Figura obscena

Es verdad que las televisoras cumplen muy bien su encomienda de joder más a los jodidos. Pero el hecho de que traigan nuevamente a la Figura obscena en comentarios, aunque la coronen como lo más fea del país, no afecta en lo más mínimo al artista, puesto que bien es sabido, estimular el morbo del espectador es lo que busca la obra de José Luis Cuevas, o sea que nuevamente cumple con su cometido.

José Luis Cuevas, este artista de formación casi autodidacta, es uno de los grandes dibujantes del siglo XX que ha logrado alcanzar la fama internacional. Con sus obras crea imágenes que encierran tensión y provocan controversia por sus múltiples lecturas; busca el sentido de lo grotesco, de lo trágico. La predilección por estos temas es posible que se deba a los estudios que de joven realizó de los aspectos deplorables del ser humano donde encontró imágenes escalofriantes en hospitales psiquiátricos, pintó prostitutas y realizó disecciones de cadáveres para conocer la estructura anatómica. Su carácter imperativo lo llevó a publicar en 1957 La cortina del nopal donde se proclamaba en contra del muralismo mexicano por la preferencia con la que los espacios oficiales se otorgaban a los artistas de la Escuela Mexicana de Pintura. Su presencia permanente en la prensa y medios de comunicación, así como sus artículos autobiográficos y de crítica lo han situado en la posición conflictiva. José Luis Cuevas sabe aprovechar cualquier oportunidad donde su nombre aparezca. El primer favor en Colima se lo hizo el expresidente municipal, Leoncio Morán, que ya bastante se habló del escaso conocimiento que dejó en claro, al tratar de cambiar la obra sin tomar las medidas apropiadas para el cuidado y protección de la misma. Que independientemente de si le gusta o no desconocía los aspectos legales que protegen este tipo de obra y no conforme con esta primera publicidad, hizo participar a la ciudadanía a través de radiodifusoras estatales para anotar sus inconformidades y comentarios en contra de la pieza. La provocación que causó y está causando la obra alrededor de los habitantes del estado y sobre todo ahora como lo menciona Ernesto Cortés. Con el concurso televisivo “lo más feo del país” no hacen sino confirmar el firme trabajo de Cuevas.

El acto en contra del conocido monumento fue más bien un favor que nos hicieron, no sólo para José Luis Cuevas sino a todo el gremio artístico que tuvimos la oportunidad de convertir el acontecimiento en un evento que logró reunir y solidarizar a los artistas colimenses que no perdimos la oportunidad de conseguir autógrafos y la foto del recuerdo con tan famoso escultor.

Nora Obispo




El dibujo de los niños


(Primera de dos partes)

En esta ocasión hablaré sobre la experiencia de observar los ejercicios “dibujísticos” de los niños. Éstos tienen una capacidad de síntesis, en la captación de formas, diferente a los adultos. Los niños ven las líneas que rodean la forma, con esas pequeñas desviaciones y curvaturas que un adulto ya no observa. Luisito, un niño de seis años, cuando toma de modelo la foto de una ciudad o un castillo, lo que hace es dibujar el contorno, cuidando el más mínimo detalle. Al revisar sus dibujos se debe tener un buen grado de observación para descubrir a qué prolongación curva, línea plana o inclinada, pertenece lo que ellos vieron. El resultado, obviamente, no es fiel al que copiaron, al menos en el control del espacio. Su captación es, en definitiva, especialmente privilegiada y por desgracia temporal, porque lo olvidarán conforme siga su desarrollo. De pequeños, todos pasamos por esa etapa creativa, tal vez debido la desinhibición.

Se concentran más fácilmente que un adulto

Siempre es interesante ver cuando un niño dibuja. Si usted tiene la paciencia de hacerlo se sorprenderá de la concentración que tienen en su tarea, al grado de que no se dan cuenta que lo están observando. Por ejemplo, los niños entre más pequeños ven más el modelo que la hoja. Carmen, una niña de siete años, clava la mirada en el modelo. Pareciera que le cuesta trabajo despegar la vista del objeto que copia, o tal vez se deleita en la contemplación. No le importa cómo se va a ver, si le quedará bien o mal, sólo se preocupa por observar. Esta desinhibición que algunos adultos tienen tan severamente restringida, es en parte lo que obstaculiza la concentración de estas actividades. Tenemos demasiado presente la opinión y aceptación de los demás. Aunque, claro, este no es el único factor que obstruye el buen dibujo de un adulto.

Su conducta cambia de acuerdo a su edad

Los niños, una vez que dan por terminado su trabajo, muestran orgullosos el resultado. Aunque en esto su actitud varía de acuerdo a la edad. Entre más pequeños trabajan con gran rapidez. Apenas terminan la última línea se levantan entusiasmados a mostrar su gran logro, dando la impresión de que jamás se detienen a ver cómo les quedó. El resultado es lo que menos les importa. A la edad de ocho años su actitud cambia. Muestran un pequeño grado de inseguridad, incluso llegan a cambiar de hoja hasta que sienten que dan un buen inicio. Además, están más conscientes del dominio del lápiz. Una vez que terminan se detienen y revisan antes de mostrarlo. “¡Changos!”, dice Mauro, “no me salió”. Pero esta exclamación es hasta terminar la última línea. A pesar de que tambalean en el inicio, una vez que comienzan no se detienen hasta que lo consideran terminado. A esta edad todavía mantienen la misma concentración de embelezo.

Esta reacción coincide con la investigación de Diana Korzenik, educadora en la Universidad de Arte de Massachussets, de quien el investigador Howard Garner habla en su libro Arte mente y cerebro. “Los sujetos más pequeños, de aproximadamente cinco años de edad, mostraron una gran indiferencia a las reacciones ajenas. Rara vez alteraban sus dibujos entre una prueba y otra, en la despreocupada confianza de que éstos ‘hablarían por sí solos’. Confundían intenciones con resultados, y culpaban al otro chico cuando no podían adivinar el motivo representado. A los siete u ocho años, en cambio, los sujetos se tornaban muy sensibles a las demandas del otro niño, se esforzaban por hacer dibujos reconocibles y, lo que es más importante, modificaban cada versión hasta que el observador podía adivinar qué era lo que habían tratado de retratar”.

El niño de seis años no se molesta en preguntarse si será aceptado su trabajo. En ocasiones ni siquiera por él mismo. Sin embargo, esta conducta (tan sólo un año antes) les lleva a que reaccionen —como lo dice la educadora— molestos con los demás por no entender lo que hicieron. La actitud de los niños no deja de sorprenderme por toda esa transformación sicológica que va cambiando con su edad, hasta convertirlos en adultos.

Nora Silvia Obispo Martínez



El dibujo de los niños




Segunda parte (concluye)



Separan elementos contrastantes

Continuando con lo de la conducta observada en varios de mis talleres de niños, puedo concluir que estos menores (de edad) tienden a separar elementos llamativos, detalles muy sobresalientes dentro de un mismo objeto y luego los convierten en un objeto aparte.

Tal es el caso de Carmelita. Ella dibujó un árbol (casi semejante) en el que introdujo un elemento bastante curioso: a un lado de una rama puso un cuadrado con un círculo dentro. Estos elementos estaban fuera del árbol sólo tocando una esquina de la rama. Lo primero que pensé es que había colocado alguna cajita o algún juguete predilecto de la niña, y con esa idea me iba a quedar de no haberme atrevido a preguntarle ya que procuro no intimidarlos cuando no entiendo su trabajo, lo que ocurre constantemente (sólo me sorprenden).

Así es que tímidamente pregunté:

—¿Esta es una cajita?

Y de manera molesta me contestó: —¡Noooooooo!, es la rama que está cortada ¿qué no la ves?

Por supuesto que la había visto pero nunca me imaginé que para ella fuera cuadrada, que las vetas le parecieran como un portillo o agujero y, para rematar, que estuviera colgada fuera del árbol. Tal visión de la niña me hizo pensar que por ser un elemento contrastante no logró unirlo, probablemente no los pudo integrar a nuestra manera adulta de ver. El color, la textura y forma del corte del tronco debió romper con el ritmo de línea que llevaba.

En el dibujo de la botella, Luis exagera las ondulaciones de la parte de abajo, igual que Carmen realza el detalle más sobresaliente. La misma botella dibujada por diferentes niños dieron el mismo realce a las ondulaciones de la parte inferior. Algunos lo hicieron en forma de picos que más bien parecían capas de Batman. Ellos captan los detalles más relevantes de la forma.

El niño se deleita acariciando las formas desde su exterior. Luisito, cuando cree que no le alcanzará la hoja, inicia del lado izquierdo, haciendo los detalles en pequeño. Conforme continúa, va desplazando la mano a la derecha, haciendo más abierto y alargado los detalles hasta terminarlos casi en una horizontal. Y a la par de su movimiento, con la mano va cambiando su cara de insatisfacción, preocupación que probablemente se deba a que no puede controlar su movimiento.

Pero insisto, no despegan su mano hasta salir al extremo de la hoja. Su dibujo es certero, preciso, sin vacilaciones. Una vez que inicia no interrumpe el trazo hasta que lo termina. Es decir, su línea es continua, no la corta para corregir, no despega el lápiz de la hoja hasta que él considera que está terminado. Y si cree que se está equivocando, no borra ni rectifica sino vuelve a empezar.

La buena observación es básica

para aprender a dibujar

El adulto no alcanza a ver todas las ondulaciones y variantes que sigue el curso de la línea que rodea la figura. El niño sí las ve. Los adultos están acostumbrados a ver pero no a observar. Aquí es donde radica la ejecución de un buen dibujo.

No controlan el volumen

La pregunta inmediata del párrafo anterior sería, ¿entonces por qué sus dibujos están desproporcionados? Una respuesta es porque aún no tienen control de su mano, pero otra causa importante es que —a pesar de su buena observación en el contorno de las formas— tienen problemas para calcular la escala, no respetan la proporción de los espacios y no intentan calcular distancias entre una forma ni la distancia entre líneas. Esto da mucha ventaja a los adultos, porque la mayoría también tiene este problema.

Es interesante investigar la percepción e interpretación de formas de los niños, ya que si nosotros pudiéramos conjugar su agudeza visual con la experiencia de un adulto aprenderíamos a dibujar con mayor facilidad y, por supuesto, tendríamos mayor capacidad creativa.

Muchos de los ejercicios que existen para que un adulto se enseñe a dibujar son justamente los que hacen los niños de manera natural. ¿Y a ellos quién se los dijo? ¿Cómo sabe Luisito que se dibuja todo el contorno para enseñarnos a ver los detalles ¿Y quien le dijo a Mauro que, de ser necesario, no despegara la vista del objeto para concentrarse mejor?

Aclaro que me estoy refiriendo a niños menores de los siete u ocho años, ya que su sistema de símbolos cambia enormemente una vez enrolados en las actividades escolares, debido a los nuevos conocimientos recibidos. Cambia su originalidad y creatividad por las nuevas conductas sociales, de manera que un egresado de primaria lo encontramos casi amputado de estas facultades perceptivas.


Nora Obispo


jueves, 22 de febrero de 2007

Se llama Juan y es muy Soriano


Uno de los monumentos más atractivos en nuestra ciudad, para mi gusto, es la escultura en bronce Toro de Juan Soriano, ubicado en un jardín de Casa de la Cultura de Colima; pieza muy similar a la que se encuentra en el Parque Garrido Caníbal de Villahermosa.

Seguramente ustedes han pasado más de una vez por Casa de la Cultura y a lo mejor a algunos no les ha motivado pararse frente a ella. Una de las causas probables podría ser el recorrido cotidiano de pasar por el mismo lado de la plaza y con la mente enrolada en ocupaciones del día. La imagen general que nos ofrece la plaza, es una fuente de agua con un gran toro que descansa tranquilamente reflejándose en el estanque rectangular, teniendo como fondo un poco de su hábitat con los arbustos del jardín. Un toro bastante robusto y pesado.

No es lo mismo imaginar lo que se verá, si bajas o subes el nivel de una escalera a realmente bajarlo, con esto me refiero a que si siempre vemos un lado de la pieza imaginamos que el resto será muy semejante, sin embargo los otros lados, aunque se derivan de la misma estructura, lucen completamente distintos. El estudio que aquí vamos a presentar nos demostrará lo necesario e importante que es desplazarnos físicamente alrededor de una escultura, sobre todo ésta que tenemos a nuestro alcance, y donde justo en este movimiento nos muestra su belleza.

En esta pieza se aprecia este efecto circulatorio de múltiples caras, esta
escultura va sufriendo transformaciones mientras vamos rodeándola, sus lados atractivos los encontramos en varios puntos. Podríamos definirnos por un frente, y luego éste se desliza hasta convertirse en otro.

La metamorfosis de la pieza.

Sin duda, Juan Soriano era feliz al crear, como el mismo lo decía, y esta escultura es una muestra de ello, las transformaciones son exquisitamente sugeridas; a manera de juego las curvas lentamente se deslizan para dar forma a otro animal, su toro, vaca y jirafa permanecen unidos en una sola pieza, si por un lado vemos una enorme mole gorda y pesada en figura de toro, de pronto te encuentras con el delicado y largo cuello de la jirafa, que incluso ladea levemente su cabeza. Lo más sorprendente de la obra es la pausada transformación de un cuello tan ancho y corto hasta convertirse en frágil, delgado y largo.

La escultura es para observarse por todos sus lados.

Es en este sentido que hay un error en la colocación de la pieza. La ubicación es un problema, pues no está en un lugar donde se pueda contemplar ampliamente. El recorrido se ve truncado por el jardín que esta unido a ella, no hay acceso visual por la parte de atrás, aunque puede verse escasamente a través de los árboles, no se aprecia en su totalidad. No estamos tratando con un relieve en donde se nos muestra únicamente la parte frontal, el artista esculpió la pieza cuidando el movimiento general de la obra. El diseño arquitectónico de Casa de la cultura, no fue contemplado para las dimensiones y características de la obra. Sin embargo aún cuando no se den las condiciones de espacio para mostrarla, debemos considerarnos afortunados de poder caminar más de medio círculo alrededor de ella.

El antecedente de esta pieza puede observarse en la trayectoria del autor; en el libro Juan Soriano el perpetuo rebelde escrito por Sergio Pitol encontramos un breve comentario donde él mismo explica la aparición de la figura del toro en su obra, fue una época en que tomó un receso en la pintura y dio inicio a una serie de trabajos en escultura. “Me convencí de que me era necesaria una carga emocional que ya no tenía para continuar esa clase de pintura, y entonces decidí buscar otro tipo de cosas. En el periodo de tránsito pinté El accidente en 1963; se trata del choque de un automóvil con una vaca. En obras posteriores esa vaca se quedó en mi pintura y un buen día se transformó en la escultura de un toro”.

Otras esculturas monumentales de Juan Soriano que tenemos en la ciudad son: la Paloma, ubicada atrás del complejo administrativo y Pájaro en la ola, pieza expuesta en el Jardín escultórico que justamente lleva el nombre de este artista jalisciense. Y que sin duda alguna debe ser muy conocido por los asiduos visitantes a las parotas de Comala.

escrito por:

Nora Obispo


El gusto por el horror

Nora Obispo

Tengo en mis manos el libro de la obra plástica de Gottfried Helnwein. En la portada aparece la foto de un hombre con una venda en la cabeza, dos tenedores de cocina intentando incrustarse en sus ojos y mantiene su boca desmesuradamente abierta. Sin embargo, la imagen no me trasmite sensación de dolor como tal vez pretendiera el artista. Pasando la vista de manera general sus tenedores asemejan googles para la piscina, su venda le cubre el pelo y su mueca es una exageración para llamar la atención.

Al abrir el libro, los textos en inglés y francés no me motivaron a esforzar mi escaso conocimiento para traducirlos. Una vez entrando en sus páginas el impacto visual es fuerte, una sensación de repudio de no querer ver más te obliga a detenerte entre sus páginas y cerrar de golpe. Esa es la salida más fácil, la evasión para proteger la integridad emocional, y la salida que tal vez muchos lectores quieran hacer de publicarse las imágenes en esta página.

Tomando nuevamente aire y preparando la mente para no recibir fuerte el impacto, vuelvo a internarme en el citado libro. Describiré el contenido: son fotografías de niños y adultos, algunos vendados y con aparatos ortopédicos o quirúrgicos lastimando sus rostros; en algunos se ve la presencia de sangre, afortunadamente —como descanso emocional— son teatrales y con maquillaje, algunos personajes sonríen otros permanecen inmunes y algunos más con muecas de dolor y desamparo. Niños mutilados, con cicatrices y golpes.

Una de las imágenes más impactantes es la titulada Peinlich realizada en 1970. Describirla, créanme, me es difícil, cuesta trabajo, es necesario una preparación anticipada, toco mi pecho para calmar los latidos —y ahí va—: es una niña sentada con su vestidito rosa, pintada de manera realista, pero dándole una apariencia de muñeca, es rubia de aproximadamente un año, y las pocas partes limpias de su piel contrastan y lastiman al espectador con sus grotescas cicatrices, su ojito izquierdo tiene un derramamiento interno de sangre y lo más escalofriante de su rostro, y más bien de todo el drama de la imagen, es la mitad de sus labios carcomidos por una cicatriz que hace mostrar sus dientes, esa cicatriz se prolonga hasta la nuca. Tiene también un dedo vendado, tal vez fracturado, y carece de los dedos de la otra mano. Toda esa ternura que debería transmitir el bebé es transformado en un impacto brutal de monstruosa violencia. Son imágenes que congelan la sangre. Pero lo más impactante es que podría ser una situación real, existente, y aún cerrando el libro la imagen queda en la mente porque sabemos que estas deformaciones pueden existir alrededor.

Muchas preguntas me quedan en el aire, porque no estoy hojeando una revista de las que se dedican a inducir el morbo. Estamos hablando de un artista que hizo sus estudios en la Academia de Bellas Artes en Vienna, su ciudad natal. Como es de suponerse, sus primeras intervenciones fueron acompañadas por el descontento del público que lo obligaron a cancelar sus exposiciones. Sin embargo, ha realizado varias sesiones fotográficas con luminarias importantes como los Rolling Stones, se encargó de la portada del álbum de Scorpions y le hizo algunos trabajos a Andy Warhol, entre otras actividades. Ha tenido gran aceptación en importantes museos de Nueva York, Viena, Munich, y otras ciudades. Sin embargo, este atrevimiento que nos hace turbar bruscamente la tranquilidad nos pone seguramente a más de uno a plantearnos la pregunta si podemos reconocer este tipo de obra como artística. Esto ante la costumbre que tienen algunos sectores de llamar con esta palabra únicamente lo que nos proporciona relajación y placer. Mostrar la parte violenta de la sociedad no es algo digno de recordar.

¿Por qué el pintor recrea esta violencia? Sabemos que ese mundo existe, y en lo particular prefiero cerrar los ojos, prefiero ver las fantasías de los cuentos de hadas y las bobonovelas del canal de las estrellas.

Helnwein muestra algunos de sus personajes pasivos, e incluso con actitud de risa, posan tranquilos con sus heridas y deformidades, como si nada hubiera pasado. Los temas que aborda en su obra son de guerra, violencia familiar, abuso sexual infantil y muerte. Una fotografía bastante interesante de una de sus instalaciones “Selektion” (Neunter November Nacht). 100 Meter lange Bildestrabe zwischen Dom and Museun Ludwing in Koln,” es una instalación de fotografías de niños en actitudes de tristeza y soledad, y en la foto aparece una pareja que pasa caminando tranquilamente abrazados a un lado de la instalación, la chica mira de reojo las imágenes como si fuera algo completamente indiferente. La instalación fue colocada por el artista para combatir el olvido de los crímenes de los Nazis y esta foto me hace nuevamente cuestionar si realmente con su propuesta cree obtener la concientización del público. O sus obras únicamente causan un morbo local momentáneo que tal deba a ello su éxito. Bueno, lamento ser pesimista, pero este tipo de publicidad de “buenas intenciones” no hacen sino hacer más doloroso para quienes ya estamos conscientes de estas aberraciones, y desgraciadamente para el resto, o bien les es indiferente o sólo les causa una motivación contraria. Digo, porque si se sacara provecho se vería un freno en estos actos vandálicos, ¿puede acaso esto modificar nuestra condición humana?

Sin duda, la sensibilidad del artista busca volcar el sufrimiento e impacto que le causa el recuerdo de tales acontecimientos. Es un hecho que no los quiere olvidar ni éstos se olviden. Una especie de terapia de sacar el contenido de su opresión, mostrarnos cuanto le duele. Recordemos también las obras de los pintores a quienes les tocó vivir en el periodo de entre la primera y segunda guerra mundial; ellos manifiestan sus impresiones en su trabajo, pintores como Kokoscha —por ejemplo— con sus seres mutilados. Egon Schiele. Korerch; y gran parte de los pintores que fueron clasificados dentro del expresionismo alemán.

No podemos dejar a un lado el dominio del hiperrealismo que Helnwein emplea, la precisión de sus pinturas le lleva a resultados casi fotográficos. La sensibilidad del artista lo guía a proponer parte de —seguramente— todo ese caudal de horror que le causa los temas que aborda, guerra, pederastia, violencia. Sin embargo, de sus creaciones, no puedo decir que su intención sea el concientizar al público como lo menciona Andreas Mackler. No lo es por la manera irónica de sus imágenes, aunque algunos personajes si los hace ensimismados en su dolor, con sus colores fríos o monocromos, qué podemos decir de las risas burlescas hacia el espectador, y no solamente eso sino el remarcamiento brutal que hace del horror. Esto significa que lo que busca es, sí, una crítica social de los actos violentos, pero con una carga de burla, esto lo demuestran las fotografías de los niños que están posando tranquilos y sonriendo con sus cabezas vendadas y los fierros o aparatos quirúrgicos en el rostro, como si dijeran, no pasa nada, todo tranquilo, es mi nueva apariencia. Esa ironía la identifico como haciéndonos rebotar la consecuencia de estos actos bélicos y como artista dándonos la nueva imagen de belleza creada por nosotros mismos.

Lo que el artista propone es una estética del horror, de los actos sociales repudiados, una ironía de la belleza, el resultado de una conducta social que conduce a este tipo de imágenes. Como si regresara el resultado de una acción de violencia de los actos tan naturales en que vivimos; si nos es tan común vivir entre ellos, por que no hemos de aceptar sus resultados como la nueva estética del hombre.