
Una sarcástica risa me arrancó el comentario de Ernesto Cortés titulado País Orwellano publicado en este mismo periódico el pasado miércoles 31 de enero, por supuesto que la risa fue por la manera en que el articulista critica nuestro comportamiento social, y digo nuestro porque en lo personal no puedo excluirme de conductas inapropiadas en cuanto a trato y convivencia con los demás, sobre todo porque me considero parte de la misma sociedad, no puedo imaginarme cómo Jesús, en el Monte de los Olivos, observando el mundo. Estoy de acuerdo con su opinión y considero que sí es necesario protestar, decir, exigir, cada quien a su manera, aunque creamos más de una vez que el intento se irá al vacío. Sabemos de sobra que los dirigentes públicos lo que menos saben y les importa es dirigir bien al país, su interés por postularse en tan jugosos cargos obedece a la codicia del poder económico que no es cualquier cosa, es nada menos que emparentar con el Poderoso Señor Don Dinero, como lo dijera el famoso poeta. Este Señor, amado por todos —en mayoría—, logra controlar, manipular y lavar cerebros en un par de segundos a través de los medios de comunicación, como lo dice Ernesto. Mi preocupación mayor no es hacia ese reducido número de personajes del poder sino a quienes hacen posible que suceda, a esa resignación, conformismo, aceptación e incluso hasta admiración de tales o cuales personajes.
Hacer televisión para los jodidos
El entretenimiento televisivo es otro fenómeno digno de analizarse, esta caja hipnotizadora e idiotizadora es la herramienta principal de manipulación masiva, si las televisoras trabajan bajo este lema como supuestamente dijo Emilio Azcárraga Milmo lo hacen muy bien, aunque he de entender que por jodidos se refieren a una mediocridad de pensamiento más que a una condición social (la pobreza cultural e intelectual queda muy bien ejemplificada con la susodicha frase). El éxito de las televisoras se lo deben a la gran masa manipulable, ya que no se le puede llamar de otra manera a los millones de televidentes que hacen posible la popularidad y existencia de tales empresas, así se alimenta la mediocridad y contradicciones de mensajes que emiten todos los días. Desde los spot que cambian la información sobre la política del país o el supuesto apoyo contra la violencia hacia las mujeres que luego revierten en sus bobonovelas.
Sobre la Figura obscena
Es verdad que las televisoras cumplen muy bien su encomienda de joder más a los jodidos. Pero el hecho de que traigan nuevamente a la Figura obscena en comentarios, aunque la coronen como lo más fea del país, no afecta en lo más mínimo al artista, puesto que bien es sabido, estimular el morbo del espectador es lo que busca la obra de José Luis Cuevas, o sea que nuevamente cumple con su cometido.
José Luis Cuevas, este artista de formación casi autodidacta, es uno de los grandes dibujantes del siglo XX que ha logrado alcanzar la fama internacional. Con sus obras crea imágenes que encierran tensión y provocan controversia por sus múltiples lecturas; busca el sentido de lo grotesco, de lo trágico. La predilección por estos temas es posible que se deba a los estudios que de joven realizó de los aspectos deplorables del ser humano donde encontró imágenes escalofriantes en hospitales psiquiátricos, pintó prostitutas y realizó disecciones de cadáveres para conocer la estructura anatómica. Su carácter imperativo lo llevó a publicar en 1957 La cortina del nopal donde se proclamaba en contra del muralismo mexicano por la preferencia con la que los espacios oficiales se otorgaban a los artistas de la Escuela Mexicana de Pintura. Su presencia permanente en la prensa y medios de comunicación, así como sus artículos autobiográficos y de crítica lo han situado en la posición conflictiva. José Luis Cuevas sabe aprovechar cualquier oportunidad donde su nombre aparezca. El primer favor en Colima se lo hizo el expresidente municipal, Leoncio Morán, que ya bastante se habló del escaso conocimiento que dejó en claro, al tratar de cambiar la obra sin tomar las medidas apropiadas para el cuidado y protección de la misma. Que independientemente de si le gusta o no desconocía los aspectos legales que protegen este tipo de obra y no conforme con esta primera publicidad, hizo participar a la ciudadanía a través de radiodifusoras estatales para anotar sus inconformidades y comentarios en contra de la pieza. La provocación que causó y está causando la obra alrededor de los habitantes del estado y sobre todo ahora como lo menciona Ernesto Cortés. Con el concurso televisivo “lo más feo del país” no hacen sino confirmar el firme trabajo de Cuevas.
El acto en contra del conocido monumento fue más bien un favor que nos hicieron, no sólo para José Luis Cuevas sino a todo el gremio artístico que tuvimos la oportunidad de convertir el acontecimiento en un evento que logró reunir y solidarizar a los artistas colimenses que no perdimos la oportunidad de conseguir autógrafos y la foto del recuerdo con tan famoso escultor.

Nora Obispo
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