
Uno de los monumentos más atractivos en nuestra ciudad, para mi gusto, es la escultura en bronce Toro de Juan Soriano, ubicado en un jardín de Casa de la Cultura de Colima; pieza muy similar a la que se encuentra en el Parque Garrido Caníbal de Villahermosa.
Seguramente ustedes han pasado más de una vez por Casa de la Cultura y a lo mejor a algunos no les ha motivado pararse frente a ella. Una de las causas probables podría ser el recorrido cotidiano de pasar por el mismo lado de la plaza y con la mente enrolada en ocupaciones del día. La imagen general que nos ofrece la plaza, es una fuente de agua con un gran toro que descansa tranquilamente reflejándose en el estanque rectangular, teniendo como fondo un poco de su hábitat con los arbustos del jardín. Un toro bastante robusto y pesado.
No es lo mismo imaginar lo que se verá, si bajas o subes el nivel de una escalera a realmente bajarlo, con esto me refiero a que si siempre vemos un lado de la pieza imaginamos que el resto será muy semejante, sin embargo los otros lados, aunque se derivan de la misma estructura, lucen completamente distintos. El estudio que aquí vamos a presentar nos demostrará lo necesario e importante que es desplazarnos físicamente alrededor de una escultura, sobre todo ésta que tenemos a nuestro alcance, y donde justo en este movimiento nos muestra su belleza.
En esta pieza se aprecia este efecto circulatorio de múltiples caras, esta
escultura va sufriendo transformaciones mientras vamos rodeándola, sus lados atractivos los encontramos en varios puntos. Podríamos definirnos por un frente, y luego éste se desliza hasta convertirse en otro.
La metamorfosis de la pieza.
Sin duda, Juan Soriano era feliz al crear, como el mismo lo decía, y esta escultura es una muestra de ello, las transformaciones son exquisitamente sugeridas; a manera de juego las curvas lentamente se deslizan para dar forma a otro animal, su toro, vaca y jirafa permanecen unidos en una sola pieza, si por un lado vemos una enorme mole gorda y pesada en figura de toro, de pronto te encuentras con el delicado y largo cuello de la jirafa, que incluso ladea levemente su cabeza. Lo más sorprendente de la obra es la pausada transformación de un cuello tan ancho y corto hasta convertirse en frágil, delgado y largo.
La escultura es para observarse por todos sus lados.
Es en este sentido que hay un error en la colocación de la pieza. La ubicación es un problema, pues no está en un lugar donde se pueda contemplar ampliamente. El recorrido se ve truncado por el jardín que esta unido a ella, no hay acceso visual por la parte de atrás, aunque puede verse escasamente a través de los árboles, no se aprecia en su totalidad. No estamos tratando con un relieve en donde se nos muestra únicamente la parte frontal, el artista esculpió la pieza cuidando el movimiento general de la obra. El diseño arquitectónico de Casa de la cultura, no fue contemplado para las dimensiones y características de la obra. Sin embargo aún cuando no se den las condiciones de espacio para mostrarla, debemos considerarnos afortunados de poder caminar más de medio círculo alrededor de ella.
El antecedente de esta pieza puede observarse en la trayectoria del autor; en el libro Juan Soriano el perpetuo rebelde escrito por Sergio Pitol encontramos un breve comentario donde él mismo explica la aparición de la figura del toro en su obra, fue una época en que tomó un receso en la pintura y dio inicio a una serie de trabajos en escultura. “Me convencí de que me era necesaria una carga emocional que ya no tenía para continuar esa clase de pintura, y entonces decidí buscar otro tipo de cosas. En el periodo de tránsito pinté El accidente en 1963; se trata del choque de un automóvil con una vaca. En obras posteriores esa vaca se quedó en mi pintura y un buen día se transformó en la escultura de un toro”.
Otras esculturas monumentales de Juan Soriano que tenemos en la ciudad son: la Paloma, ubicada atrás del complejo administrativo y Pájaro en la ola, pieza expuesta en el Jardín escultórico que justamente lleva el nombre de este artista jalisciense. Y que sin duda alguna debe ser muy conocido por los asiduos visitantes a las parotas de Comala.



Nora Obispo

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