miércoles, 11 de julio de 2007

Conservación y restauración




Nora Obispo y Wendoline Hernández


En Colima, desgraciadamente, la catástrofe a causa del sismo dio pie a la necesidad de restauración sobre todo en iglesias y algunos edificios. Lo cual evidencia que sí hay preocupación gubernamental por cuidar los bienes culturales pero la sociedad está desvinculada de ello. En verdad la gente no se da cuenta de los objetos antiguos que posee en cuanto a bienes muebles e inmuebles que deben ser restaurados y que para ello hay profesionales. En este caso corresponde a los propios restauradores difundir ampliamente su trabajo.

En ese sentido, es agradable informar que aproximadamente en un mes habrá un taller montado dentro de La Parota en donde se va a estar restaurando el acervo de la misma, así podrá cualquier persona visitar, además del museo, el taller de restauración. Para quienes no conozcan la dirección, el Centro de Artes Gráficas La Parota está ubicado en el centro de la ciudad, por la calle Reforma.

Hasta ahora, los pocos restauradores que hay en la entidad trabajan de manera individual, cada quien hace lo suyo sin preocuparse por una difusión hacia el público, tal vez sea por esto que podamos disculpar a la población, pero, otra vez vamos al mismo cuento: no es apropiado en los departamentos de cultura y del gobierno en general. De pronto es más fácil que den presupuesto para exponer, pero no se toma en cuenta qué va a pasar con esas piezas. Ese es un problema con el que nos hemos venido topando.

Sobre este problema, los que estamos inmiscuidos deberíamos presionar a los que están arriba. Es una labor muy difícil llegar, convencer y corregirle a alguien desde detalles mínimos como —por ejemplo—, cargar una pieza. Hay formas en que una pintura de caballete se transporta, no se agarra de cualquier lugar. También no se trata de abrir museos o galerías, espacios de exposición por todos lados, se trata de abrirlos y mantenerlos ofreciendo un servicio de calidad. Los artistas tienen derecho a exigir sobre los cuidados que les proporcionarán a sus obras al momento de prestarlas. El lugar de almacenamiento debería ser accesible no para el público pero sí para el artista que donó obra, hasta ahora han sido dos o tres los que exigen, pero si organizaran 15 ó 20 personas ya no pueden decirles que no, habrá un momento en que tendrán que abrirles las puertas y que el artista pueda ver qué tan bien cuidada está su obra.

Lo mismo sucede en los archivos, no existe una normatividad de usar el equipo adecuado como guantes o cubrebocas, es una situación preocupante; el uso de guantes es lo más apropiado ya que las bacterias son una materia viva, es caldo de cultivo para hongos. Es necesario que se capacite a bibliotecarios y sobre todo enterarlos del cuidado especial que debe tener cada pieza.

No es lo mismo pintor que restaurador

Son dos carreras completamente distintas, aunque parecieran que son iguales, la gente debe tener cuidado sobre todo con piezas antiguas, restaurar una pintura de caballete no implica volverla a pintar. Es un proceso técnico de restauración largo y minucioso, se debe cuidar la originalidad de la pieza. La restauración debe ser reversible, de modo que, en el futuro, pueda retirarse sin dañar la obra de arte original. Para dar una idea más amplia pondremos el ejemplo (tomado de la revista Vida y estilo. Junio 2005) de El L´Opificio delle Pietre Dure, de Florencia “es el único centro de este tipo especializado en la reparación y restauración de obras de arte que datan desde el periodo del Trecento hasta el Renacimiento, su avanzada tecnología garantiza que las obras maestras de fama mundial reciban el mejor cuidado posible. El personal consta de alrededor de 150 restauradores, seis expertos en historia del arte, un arqueólogo, cuatro fotógrafos y siete expertos en ciencias: tres químicos, tres biólogos y un físico”.

Dentro de las fases de restauración están: hacer pruebas químicas para saber de qué están compuestos cada uno de los pigmentos que lleva cada pintura, qué clase de textil es para saber qué antigüedad tiene una pieza, y a partir de este análisis se decide qué proceso se va a llevar a cabo; cada pieza es completamente distinta y no se emplean los mismos materiales.

Transferir la pintura mural es también posible. Se puede quitar la pintura de un muro y pasarlo a otro. Es un proceso que se lleva a cabo con químicos en el que se devasta, desprenden un poco de muro de tres a cinco milímetros con pintura y esto se adhiere a una tela, parece un lienzo y se puede almacenar, eso se hace cuando el muro tiene problemas irreversibles, sobre todo en los que están por caerse. Se puede guardar por muchos años como pasó con “Una tarde en la Alameda de Diego Rivera, la pintura estuvo enrollada hasta que construyeron el nuevo muro y se colocó de nuevo la pintura.

viernes, 6 de julio de 2007

Luces y sombras de Burgos





Mexicano de nacimiento y con estudios en Bolivia y Colima, César Burgos es otro artista que está en movimiento activo en nuestra ciudad. Su nombre es ya conocido no sólo en el ambiente en el que se desenvuelve sino en varios sectores sociales, esto se debe a los trabajos de intervención artística en los que ha participado tales como Fiesta Popular o Carro por la paz.

Su facilidad técnica le permite trabajar desde el realismo, hasta las corrientes más inusuales como el llamado arte urbano o la intervención. En su obra se aprecia el gusto por la luz, a veces hasta llegar al alto contraste. Mantiene una economía de color, lo que a su vez proporciona elegancia y mayor atención a los otros componentes de la obra como la textura, materiales o temática; de esto último encontramos inclinaciones diferentes, desde simples desnudos, hasta críticas sociales, así lo vemos en Se le acabó el contrato a Mickey Mouse con la Walt Disney.

Su dominio del dibujo y la obra figurativa puede usted apreciarlo en la actual exposición inaugurada el pasado sábado en el bar-espacio cultural La Crítica, por allí en el centro de la ciudad.

César Burgos es un buen dibujante, así se aprecia en sus trazos lineales, de una sola pieza. Una vez que surge la primera línea, ésta no se diluye hasta que termina. Sobre el atractivo de su obra pictórica podríamos citar detalladamente el buen manejo de la composición, color y materiales, que podrá apreciar usted en la citada exposición, sin embargo creo más conveniente comentar los trabajos urbanos, ya que en ellos está implícito todo el contenido de su trabajo.

Las actividades artísticas urbanas son de las más difíciles de realizar por la cantidad de materiales que se necesitan y las posibles reacciones del público de acuerdo a lo pretendido.

La calidad de la obra debe cuidarse más aún porque estará expuesta a los vaivenes del clima, otro importante factor son los difíciles permisos, sin embargo a pesar de esto César ha logrado llevar los resultados a una satisfactoria calidad.

Esta forma de manifestación obedece, según sus palabras, al gusto por el acercar el arte a la gente, además de que así contribuye a la creación de conciencia sobre algunas problemáticas. En Fiesta popular. La acción es el acto de romper una piñata que contiene en sus picos información sobre la agresión intrafamiliar, la discriminación de la mujer y otras agresiones a los derechos humanos. La piñata obviamente es quebrada por

el público como un acto de protesta rompiendo simbólicamente con el silencio ante tales agresiones.

Carro por la paz es una obra rodante que hace un llamado a la no violencia. Se trata de un automóvil intervenido con imágenes en figurativo; en esta obra, se cumple el objetivo pretendido: promueve no sólo el tema sino la difusión de la obra plástica como acercamiento a la población.

La villana fue una de las intervenciones más gustadas en su participación como miembro del colectivo ARMA, en el “Interven” Colima 2007, del mes de marzo; el toro intervenido hace una completa alusión a la festividad villalvarense a la manera de Burgos.

El entusiasmo por el trato con diferentes sectores mantiene a César ocupado en la realización de proyectos que afortunadamente han encontrado patrocinio por diferentes instituciones.

lunes, 4 de junio de 2007

Heliodoro Santos Sánchez



Nora Obispo

En colima surge una nueva generación de artistas visuales que poco a poco van logrado virar la atención. De entre ellos me enfocaré en la figura de Heliodoro Santos Sánchez. Este joven colimense de tan sólo 22 años lleva una decidida y firme trayectoria, desde su inicio apenas nueve años atrás contando con apenas 13 años demostró con sus primeras obras su fuerte convicción y seguridad sobre este camino. 
Las artes plásticas son conocidas también como visuales por la amplitud de medios tecnológicos que se usan actualmente para la expresión; medios que Heliodoro no pasa de lado, ya sea para informarse de los nuevos surgimientos en la plástica como para utilizar la tecnología en su obra. Así se aprecia en sus creaciones e intervenciones.
Quienes conocen a Heliodoro y lo han visto trabajar podrían tener la idea de que no le cuesta trabajo concentrarse, para él es fácil producir, como si entre juego y broma la obra se formara sin solicitar concentración alguna de su ejecutante, al respecto Helio desmiente tal apariencia, según sus palabras, no todo lo que realiza le resulta a la primera. Los productores se han topado más de una vez con obras que de momento no encuentran como resolverla, pareciera que se traba, no avanza, no ofrece solución momentánea, sabemos que se ve mal pero no identificamos el error o faltante, la solución de muchos es abandonarla a veces por un momento, momento que se puede prolongar hasta años, otros prefieren quedarse frente a la obra analizar detalladamente hasta que ella misma sugiera solución, ante esta situación, la opción de nuestro artista es eliminarla, ya que insistir en ella sería forzarla, endurecerla; en lugar tardar horas para encontrar el problema prefiere tapar y volver a empezar. La idea de que no le cuesta producir es por la cantidad de trabajos, en el año 2000 realizó dos exposiciones individuales, en el 2002 estando apenas en su primer semestre de licenciatura en artes, realizó otras tres individuales, dando un total a la fecha de 10 exposiciones individuales entre otras participaciones, cada una con diferentes materiales y temática.
Produce rápido y usted dirá ¿pero lo hará bien?, la afirmación a esta pregunta queda respaldada por jurados que lo han seleccionado en bienales como Manif d¨ Arte en Québec, Canadá, Segunda Bienal Nacional de Arte Visual Universitario en Toluca, Primera Bienal de Pintura Gonzalo Villa Chávez en Colima y también becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en el año 2004.
Helio trabaja con diferentes materiales, experimenta con ellos, explora la materia dando forma a sus ideas hasta agotar resultados, luego busca otros. Permanece un tiempo con cada tema, técnica o idea; trabaja deleitándose con cada reacción hasta terminar un tiraje. Después busca algo nuevo. De estas observaciones -entre risa y bromas- helio compartió con migo el calificativo de parecer un niño con juguete nuevo.
La ventaja de su método es la posibilidad de trabajar un tema con los materiales que más se adapten al concepto pretendido. Como en su exposición abstracto3 (cesio 133), en su búsqueda de representar el tiempo realizó investigaciones teóricas del átomo, la duración del segundo, resultados que lo llevaron a una instalación con germinaciones que consistía en una gran tina de aluminio sobre la pared, redonda pero achatada de los costados, con un poco de tierra, y en el piso unos algodones con germinaciones alineados de manera ordenada. Esta conclusión de lo efímero del tiempo quedó bien representada, ya que la obra se torna diferente con los segundos; por el proceso del el tiempo las pequeñas plantas en sus respectivos algodones van cambiando, la obra se va deformando como imagen, si en un principio vimos unas pequeñas varitas verdes saliendo del algodón, al siguiente día aumenta el color verde de las ramitas y compite con el blanco para que finalmente llegue el doblamiento hacia la muerte. El espectador puede encontrarse con una obra distinta de un día a otro.
Este es el trabajo que Heliodoro nos ofrece, cambiante, actual, reflexivo, extenso, e ilimitado. En la entrevista realizada, me mostró sus nuevas producciones que debido a que no han sido expuestos no puedo hacerlos públicos, y estaré esperando la conclusión final de lo que hasta ahora en proceso promete una interesante conclusión.


miércoles, 16 de mayo de 2007

Un objeto llamado Rafael Araiza


Aquel caracol

Nora obispo

En repetidas ocasiones he hecho referencia, en algún párrafo o imagen, al maestro Rafael Araiza, y así ha sido gracias a la variedad temática de su trabajo porque, en honor a la verdad, su obra es bastante amplia.

Para hablar sobre su producción es necesario hacer una clasificación por grupos y elegir alguno: instalación, pintura, escultura, arte objeto, fotografía, fotomontaje, acuarelas, dibujos, etcétera; a cualquier grupo que nos vayamos encontraremos una basta e interesante producción.

Su estética es agresiva, burda, tosca, violenta. Según sus palabras, está en contra del trabajo decorativo. La obra —argumenta— no debe buscar una función ornamental, su fin no es llenar un espacio que armonice con los objetos domésticamente cotidianos de algún lugar.

La búsqueda —o encuentros— de Araiza va más allá de lo estético. Se interesa por los temas políticos, literarios, sociales, ambientales.

En su trabajo de arte-objeto intervienen cosas que para nosotros son comunes; aquél objeto cuyo fin estaba muy lejos de convertiste en arte, Rafael Araiza lo aprecia como tal y lo hace parte de su obra. Integra cucharas, semillas, redes para pesca, cadenas, muñecas, caracoles, huesos, hierros, por mencionar algunos de los que recuerdo.

Sobre estos trabajos de arte-objeto se identifica con el dadaísta francés Marcel Duchamp, de quien hace un comentario que —a mi juicio— no creo que así lo pensara éste, pero sí se aprecia claramente en la obra del mismo Araiza:

“Marcel Duchamp vio una máquina de hacer café y se subyugó con ella, la revaloró, la vio bella, la adquirió para someterla al proceso del arte, valoró un objeto que ciegos los hombres no lo vieron, vio el color de la lámina, su burda manufactura, la manera de ensamblarlo; el objeto va de la mano de quien lo hizo, que pudo ser un mecánico cualquiera, que lo trabajaron pensando únicamente en su funcionamiento. El arte está en pequeñas dosis de cualquier cosa, (incluso en lo que) el constructor de un tanque ve en función del diseño industrial. Duchamp nos viene a decir muchas cosas interesantes al crear sus Ready-Made”.

Rafael Araiza ve la belleza del objeto y la hace suya para convertirla en obra de arte. Pero una vez que como espectadores estamos frente a la pieza encontramos en ella toda una narrativa, se conjugan los datos de memoria, la información que como objeto utilitario construyó. Cada objeto tiene un historial desde su primera utilidad: las huellas de desgaste y su relación con el usuario. Así lo vemos en Aquel caracol… La obra en su conjunto es una niña-mujer con copete-cuastecomate, cuerpo de caracol y una punta de dardo como lengua, montada sobre una ollita prehispánica. Cuatro elementos que al unirse han dado una figura a mi gusto graciosa y agresiva a la vez, por las diferentes lecturas que puede tener esta sugerente pieza.

A pesar del tiempo, Araiza no ha olvidado la pérdida de sus quimeras y no es para menos. Cada elemento de esa obra era especial, la obra se homogeniza en su conjunto con la variedad de objetos. ¿Cuanto tiempo habrá tardado en cada obra? Desde recolectar cada componente, limpiarlo, tratarlo, analizar cada elemento para poco a poco integrarlo hasta convertirlo en la fabulosa colección de 45 piezas de gran formato llamadas Quimeras, obras que daban la sensación de primitivismo mágico.

Lamentablemente los responsables de resguardarla no tomaron las precauciones necesarias y la colección fue abandonada en las bodegas de un auditorio deportivo en el puerto de Manzanillo, en donde estuvo por tres años expuesta a la humedad, a la polilla, a una inundación, al saqueo y al reacomodo grotesco.

Tal pérdida es irreparable y más cuando no podremos volver a tener esas piezas, contamos con algunas fotografías y por supuesto con el autor que se ha encargado de seguir creando. Pero justo aquí radica otro problema, Rafael Araiza tiene la necesidad de producir, esa es su habilidad, pero no vive en la abundancia ni con los recursos necesarios para albergar tanta obra. Basta tan sólo echar una mirada a su taller-museo para comprender que si no se hace algo urgente, su nueva producción podría seguir los pasos de Quimeras. Su taller está lleno, las obras se topan, se ocultan unas a otras, se mezclan, no es posible apreciarlas individualmente y ahora con su instalación Huesitos, ha obstruido el espacio que servía de corredor. No es posible ver su obra en un día, ni siquiera en una semana, a pesar del amplio espacio que usa como taller y museo improvisado.

La guerrillera negra



Y su producción es incansable, tan sólo en lo que va del año ha laborado alrededor de 25 obras entre ensamblaje, pintura y escultura. A la par del trabajo de Araiza va también el polvo, la humedad y la polilla haciendo lo suyo. No sabemos cuál será el destino de su obra, él mismo no lo sabe, no queremos que le pase lo de Quimeras, pero parece que lleva ese camino.

Ese espacio requiere de cuidados más profesionales, el arte es para ser contemplado, por lo pronto su obra ahí permanece para ser apreciada por propios y extraños.




miércoles, 9 de mayo de 2007

La escultura plana



Nora Obispo*

En este texto analizaremos dos componentes de las artes plásticas, la fotografía y la escultura, la primera desde su invención, incursionó rápidamente en las artes suplantando la fotografía de retrato. Tiempo después (y hasta la fecha) es también utilizada como una herramienta; los pintores y escultores del realismo se adaptan a la tecnología, es más fácil retener las imágenes en el papel fotográfico para evitarse horas de pose del modelo. Una función más como herramienta es la elaboración del catálogo de obra, la fotografía ayuda a representar los objetos artísticos en imágenes, para el caso de la pintura es más adaptable por ser bidimensional contiene un solo frente y es el que se retiene, el problema se encuentra en las obras tridimensionales, que no sólo tienen alto, largo y ancho, sus lados visuales a su vez las convierte en polípticos con sus propios medios de expresión.

La escultura se conoce como objeto artístico tridimensional, las esculturas adosadas aun plano se conocen como relieve, y estos sólo puede contemplarse de un solo frente. En este caso hablaremos de otro tipo de piezas que terminan siendo bidimensionales, apaciblemente estáticas en un papel, tal es el caso de la fotografía documental que ofrecen los libros y revistas de arte. La fotografía documental cumple la función de ilustrar el texto en cuestión mostrar visualmente el relato de un lector la representación de los objetos a que hacen referencia. Sin embargo, en el caso de la escultura, es curioso encontrarnos con un mismo frente.

Hojeando algunos libros y revistas encontramos interesantes esculturas, pero estas curiosamente aparecen en un mismo frente y para quienes no viajamos nos quedamos acostumbrados a verlas así, como si tal pose fuera parte de un cliché de propaganda a la cual debemos de identificar a la brevedad. Tales limitantes suprimen la subjetividad de opiniones sobre el gusto de obras artísticas, aquí lo vemos claramente, los mejores ángulos para unos podrían ser diferentes para otros. Cada quien puede encontrar vistas diferentes que les sean más atractivas. Pero es curioso que coincidan las mismas tomas en diferentes libros, que nos muestren el mismo lado. En las figuras grecorromanas encontramos más notorio estos ejemplos, probablemente sea –como espectadores- por la necesidad de ver todo su movimiento.

Uno de estos casos es la obra, Apolo y Dafne de Gian Lorenzo Bernini, es una magnífica escultura que, como lo mencionaba en un texto anterior de Beltor Brecht, no necesita explicación, las palabras están de más, el tiempo quedó suspendido en ella. El movimiento, el viento, la acción de los cuerpos perfectos, hay un cuidado extremo en todos los detalles. Tanta belleza me es inconcebible reconocer que la haya hecho un humano, descanso al encontrar la única falla en la solución del cabello de ambos personajes, aunque en la mujer se justifica por la conversión a hojas. La iconografía de esta escultura en mármol es del dios Apolo que persigue a la ninfa Dafne, y antes de que pueda ser capturada, los dioses la convierten en hojas de laurel.

Estas son las obras que no satisface ver de un solo perfil, es necesario explorarlas. Afortunadamente encontré otra toma con un ligero desplazamiento, aquí usted puede apreciar a lo que me refiero, el fotógrafo giró levemente y nos muestra detalles de la espalda de la ninfa, viendo esta perfección anatómica, compartirá conmigo esta pregunta ¿seguro que es una escultura?

Para quien no haya tenido la oportunidad de viajar y conocer personalmente las esculturas debe, igual que yo, conformarse con apreciarlas a través de los libros, aunque desgraciadamente, éstos nos ofrezcan un mismo frente, a tal grado que si llegamos a ver esa misma pieza de otro ángulo podríamos desconocerla, y lo grave no es que recordemos qué obra es y de quién, sino la limitante de verla como escultura. Esta experiencia me tocó cuando llegó a nuestra ciudad la exposición de Rodin -copias del molde original- donde encontré en la mayoría de las piezas deleitantes contemplaciones de ángulos muy diferentes a los ofrecidos en alguna página.

Otro caso muy marcado lo vemos en la Venus de Milo que su imagen frontal, después de mostrarla tantas veces en la caja de cerillos, ha quedado como icono, de tal caso que si la vemos por la parte de atrás no la reconocemos.

Como podrán darse cuenta el problema mayor al que aquí me refiero se puede individualizar a la falta de recursos económicos para trasladarme a Europa y presentarme justo ante la obra. Y como dice la canción, “pero como eso no puede ser, me aguanto, que voy a hacer”. Me queda únicamente seguir viendo las postales con el ángulo que el fotógrafo consideró como el mejor.

*Licenciada en artes visuales


Imagenes

Detalle de Apolo y Dafne

Fotomontaje de Rafael Araiza

Apolo y Dafne de Lorenzo Bernini

Pintura veloz




Nora Obispo*

Y ahora los artistas visuales —en una vuelta de tuerca más en el Mes de la Lectura y el Libro— fueron llamados a pintar al jardín una obra rápida referente a un texto poético o narrativo. Y ahí estuvimos apurados, trabajando en la vía pública para que la gente viera cómo los artistas plásticos apoyan también el fomento a la lectura.

Pero veamos: conocemos al artista independientemente de su obra, ellos trabajan normalmente en su taller y nos muestran el producto ya terminado; no obstante, jamás —o muy rara vez— enseñan su proceso creativo. Entonces nosotros, espectadores, parados frente a la obra, nos preguntamos sobre el proceso técnico del artista y sus hábitos de trabajo. Pues bien, precisamente eso fue lo que se vio el sábado pasado en el jardín Núñez. Los pintores invitados por la Secretaría de Cultura estuvieron trabajando a la intemperie. Algunos se concretaron a sacar algo rápido por la exigencia del tiempo, sin comprometer sus secretos técnicos, como en el caso de César Burgos, quien con trazo amplio y utilizando como pincel sus manos definió unas formas en negro y rojo utilizando como fondo el mismo color blanco del soporte. Él mismo comentó que —reincidente con su pasada participación en una pintura rápida en apoyo a los niños con cáncer—, experimentó los inconvenientes de trabajar al aire libre con el público alrededor, y otra vez con la premura del tiempo.


Por esto su solución fue trabajar con pocos colores y planear su proceso con anticipación. ¡Pero sí lo hizo rapidísimo!, bien dice el escrito del dramaturgo Luis Valenzuela dedicado al maestro Rafael Araiza, el dibujo es tan sencillo que no requiere arriba de tres instrucciones, “15 años de rigurosa práctica continua y 25 más para atiborrar la unidad central de procesamiento con carretadas de datos, tanto relevantes como inútiles…”

Y hablando de Rafa Araiza, también estuvo presente. Poco le importó estar en el jardín rodeado de transeúntes: sin más ni más se quitó sus zapatos, se acostó en el piso y se clavó en su trabajo sin que pareciera ser afectado por las miradas y preguntas de los sorprendidos y curiosos paseantes. Frente a él estaba otro de los grandes de por acá: Jonatan Aparicio, a quien tampoco le importó mostrar y explicar el proceso de su obra.

Un fenómeno importantísimo y digno de analizar se dio en los espectadores, que al ver el procedimiento se sentían a la vez participantes, como si fueran sus manos a través del artista las que pintaran y su pensamiento el que estuviera fluyendo con las posibles soluciones que cada uno daría ante determinada obra, de ahí sus comentarios “¿Por qué le cambiaste si me gustaba así?, ¿por que tiene el ojo abajo?”.

Algunas personas inclusos dieron su opinión crítica a las obras: que les daba la impresión de que se pasaron, que les hizo falta otro lienzo, que al llegar a un momento de su obra dieron una vista muy agradable para después, llegado el momento de las veladuras como en el caso de Jonatan, de un tiempo a otro se aplanó; o que la obra es saturada de elementos, como ocurrió con César Burgos; o la tal Nora Obispo, que sin hacer caso a comentarios, optó por cambiar el fondo inicial de su trabajo.


En realidad no existe la obra rápida, su realización en tiempo pictórico puede ser hasta en menos de una hora, pero antes de eso le ha llevado meses o años de práctica, aún refiriéndonos a la técnica experimental.

Y mientras se realizaban los trabajos, el secretario de Cultura, Rubén Pérez Anguiano, ahí presente, a veces sentado, a veces de pie, a veces haciendo mosca, (cuando queremos bromear y él sentado tan serio), pero sin bajar la guardia. Nuestro secretario trae un fuere ritmo de trabajo: está presente en cuanta actividad propone, se queda bajo el sol si la actividad así lo requiere y, aunque su presencia no sea tan necesaria, permanece hasta el final, como buen capitán de barco.

Es digno de reconocimiento el esfuerzo de los artistas en esta participación, como también el trabajo y ambiente de los Juanjos, Juan José Murguía y Juan José Arias, que se prestaron hasta para las bromas de ARMA, el reciente grupo de jóvenes pintores en la entidad.

Al final la obra quedó montada en las mamparas con la firma de cada autor, aunque me hubiera gustado que se anexara el texto a que hace referencia cada obra en su respectiva mampara. Esta exposición estará en el jardín Núñez hasta el Día Niño y luego se hará itinerante por los municipios de nuestro estado.


*Licenciada en Artes Visuales

Foto 1 Obra de Rafael Araiza

Foto 2 Obra de Sandra Uribe

Foto 3 Obra de Nora Obispo

miércoles, 4 de abril de 2007

De plásticos, papelitos y censuras



Nora Obispo*

Motivada por los acontecimientos de la semana pasada y como corresponde a esta columna de cada miércoles, no puedo dejar de paso la noticia de moda: La intervención artística en algunos espacios públicos del municipio de Colima y Villa de Álvarez, realizada por un grupo de jóvenes autodenominado ARMA.

No es la primera vez que los colimotes y turistas que deambulan por el centro de la ciudad se ven sorprendidos por alguna manifestación pública, los transeúntes están acostumbrados a ver infinidad de marchas religiosas o de protesta, plantones, huelgas de hambre, concursos, encuestas, bailables, eventos culturales, e incluso —aproximadamente seis años atrás— un grupo de artistas ya había montado algunas instalaciones en la plaza, hechas con basura que ellos mismos recolectaron del río Colima. Con estos antecedentes, la pregunta obligada es: ¿Por qué ahora, una intervención artística causa tanto escándalo?, las respuestas inmediatas serían las siguientes:

1. Porque ellos mismos lo propiciaron, reuniendo a la prensa

2. Por que dicha acción fue apadrinada por el secretario de Cultura, Rubén Pérez Anguiano, quien parece trae la consigna de sacar la cultura y el arte de los sacros espacios oficiales, así lo demuestra su proyecto Letras en la Pared, el Festival de la Lectura y ahora con el grupo Arma se anunció el primer festival de Intervención Colima.

3. Por haber envuelto en plástico la escultura en cantera del Rey Colimán, figura representativa del estado.

Este fue el descontento principal de algunas personas ya que sin la intervención de esta figura probablemente la publicidad de este grupo no habría sido la misma.

Sobre esta polémica el secretario anunció haberse cumplido la meta esperada ya que eso es lo que se buscaba; es notorio que el secre tiene interés de apoyarlos, sin embargo estas declaraciones no las considero apropiadas; agruparse con el único fin de llamar la atención no es una buena justificación en el terreno del arte, podría ser para la farándula, pero no en una actividad que se supone intelectual, y aunque en ocasiones es lúdica, pertenece a creadores cuyo fin no debe ser la simple provocación publicitaria. El grupo negó buscar únicamente publicidad, su intención es hacer más participativa a la población, acercar el arte a la gente, estas fueron sus declaraciones. Es un buen intento y soñar no cuesta nada, no quiero ser pesimista, pero si de verdad lo que quieren es que la gente se interese por las artes en este caso, la plástica, entonces tendrían que continuar sacando el arte a la calle con una constancia sistemática, porque no creo que por este suceso la gente dirija sus pasos hacia las galerías o museos. Lo que sí pueden lograr, es que el pequeño grupo de compradores de arte giren su ángulo de consumo, situación que sería muy benéfica para la población cansada de ver a los mismos de siempre.

¿Cómo nace el grupo ARMA?

Para analizar el surgimiento de este grupo es necesario abordarlo desde las figuras de Heliodoro Santos y César Burgos, del primero su antecedente más cercano fue la exposición Urbana, frente a Palacio de Gobierno, una acertada exposición al aire libre; su propuesta de brochazos agitados, sus colores en fuerte y turbulento movimiento anunciaban la crítica al caos de la ciudad, o la integración de la obra al mismo caos urbano. La mayor y gran influencia de Helio surge a partir del taller de experimentación con materiales no tradicionales (ver Temporada de Alquimia en el MAC en este rotativo) en la que los estudiantes se dieron vuelo haciendo sus primeras instalaciones e intervenciones en los espacios del museo de Arte Contemporáneo en el que se impartió el mencionado taller. De ahí surgió la primera idea de César Burgos por envolver, al estilo Christo, la escultura de Zamarripa a la entrada del museo, esta acción por supuesto amparada con la venia del director de dicho museo, el inquieto Felipe Delgado, quien se encuentra muy calladito pero que también tiene su merecida vela en este entierro (por aquello del abierto criterio de muy contados directores de museos que se arriesgan a nuevas propuestas).

Volviendo a César Burgos y su colaboración con este grupo, sus antecedentes en intervenciones públicas en su corta carrera han dejado claro su gusto por los performances y el arte público, su participación aquí fue cambiar la imagen del torito de Villa de Álvarez por uno más colorido y por cierto más acorde a los colores festivos de la tauromaquia, que es el platillo fuerte en los festejos de este bullicioso municipio de Villa de Álvarez.

Debido a su profesión de restauradora, Wendolyn Hernández, en su participación con este grupo, decidió embalar al Rey Colimán para exportación, propuesta interesante. Esta escultura, como icono popular de Colima, mantiene la calidad de exportación. He de pensar que el envío es por la buena calidad que ofrece nuestro estado en su cultura, en sus servicios y en sus productos; porque si la propuesta era exportarlo para deshacerse de esa pieza yo no estaría de acuerdo; si esta segunda fuera su propuesta, mejor que empaquete la mala réplica de la Diana Cazadora, o las desproporcionadas figuras de la avenida Camino Real. Una recomendación a la restauradora es que cuide sus envíos, debió calcular muy bien el tiempo de exposición para que éste conservara el mismo aspecto de embalaje para el tiempo que fue planeado, ya que los fuertes vientos primaverales aflojaron los plásticos, y cambió completamente la calidad de exportación.

Lo negativo por parte de las autoridades, fue haberse “equivocado” de fecha de clausura, ya que sin decir agua va, desmontaron las obras antes del plazo acordado. La instalación que se vio más afectada fue la de Capullos Urbanos ya que truncó, según su autora Minerva Ante, la intención final; los mensajes escritos en los recolectores, (capullos urbanos) pretendían ser quemados públicamente en la clausura de este llamado primer festival de intervenciones.

Pero por nuestra parte seguiremos pendientes del siguiente papelito en el que se involucre el grupo ARMA.

*Licenciada en Artes Visuales, UAQ



Pies de foto:


For expo
, Wendolyne Hernández

La Villana, César Burgos

Instalación con basura del río Colima

Foto de Pepe Negrete