
Nora Obispo*
En este texto analizaremos dos componentes de las artes plásticas, la fotografía y la escultura, la primera desde su invención, incursionó rápidamente en las artes suplantando la fotografía de retrato. Tiempo después (y hasta la fecha) es también utilizada como una herramienta; los pintores y escultores del realismo se adaptan a la tecnología, es más fácil retener las imágenes en el papel fotográfico para evitarse horas de pose del modelo. Una función más como herramienta es la elaboración del catálogo de obra, la fotografía ayuda a representar los objetos artísticos en imágenes, para el caso de la pintura es más adaptable por ser bidimensional contiene un solo frente y es el que se retiene, el problema se encuentra en las obras tridimensionales, que no sólo tienen alto, largo y ancho, sus lados visuales a su vez las convierte en polípticos con sus propios medios de expresión.
La escultura se conoce como objeto artístico tridimensional, las esculturas adosadas aun plano se conocen como relieve, y estos sólo puede contemplarse de un solo frente. En este caso hablaremos de otro tipo de piezas que terminan siendo bidimensionales, apaciblemente estáticas en un papel, tal es el caso de la fotografía documental que ofrecen los libros y revistas de arte. La fotografía documental cumple la función de ilustrar el texto en cuestión mostrar visualmente el relato de un lector la representación de los objetos a que hacen referencia. Sin embargo, en el caso de la escultura, es curioso encontrarnos con un mismo frente.
Hojeando algunos libros y revistas encontramos interesantes esculturas, pero estas curiosamente aparecen en un mismo frente y para quienes no viajamos nos quedamos acostumbrados a verlas así, como si tal pose fuera parte de un cliché de propaganda a la cual debemos de identificar a la brevedad. Tales limitantes suprimen la subjetividad de opiniones sobre el gusto de obras artísticas, aquí lo vemos claramente, los mejores ángulos para unos podrían ser diferentes para otros. Cada quien puede encontrar vistas diferentes que les sean más atractivas. Pero es curioso que coincidan las mismas tomas en diferentes libros, que nos muestren el mismo lado. En las figuras grecorromanas encontramos más notorio estos ejemplos, probablemente sea –como espectadores- por la necesidad de ver todo su movimiento.
Uno de estos casos es la obra, Apolo y Dafne de Gian Lorenzo Bernini, es una magnífica escultura que, como lo mencionaba en un texto anterior de Beltor Brecht, no necesita explicación, las palabras están de más, el tiempo quedó suspendido en ella. El movimiento, el viento, la acción de los cuerpos perfectos, hay un cuidado extremo en todos los detalles. Tanta belleza me es inconcebible reconocer que la haya hecho un humano, descanso al encontrar la única falla en la solución del cabello de ambos personajes, aunque en la mujer se justifica por la conversión a hojas. La iconografía de esta escultura en mármol es del dios Apolo que persigue a la ninfa Dafne, y antes de que pueda ser capturada, los dioses la convierten en hojas de laurel.
Estas son las obras que no satisface ver de un solo perfil, es necesario explorarlas. Afortunadamente encontré otra toma con un ligero desplazamiento, aquí usted puede apreciar a lo que me refiero, el fotógrafo giró levemente y nos muestra detalles de la espalda de la ninfa, viendo esta perfección anatómica, compartirá conmigo esta pregunta ¿seguro que es una escultura?
Para quien no haya tenido la oportunidad de viajar y conocer personalmente las esculturas debe, igual que yo, conformarse con apreciarlas a través de los libros, aunque desgraciadamente, éstos nos ofrezcan un mismo frente, a tal grado que si llegamos a ver esa misma pieza de otro ángulo podríamos desconocerla, y lo grave no es que recordemos qué obra es y de quién, sino la limitante de verla como escultura. Esta experiencia me tocó cuando llegó a nuestra ciudad la exposición de Rodin -copias del molde original- donde encontré en la mayoría de las piezas deleitantes contemplaciones de ángulos muy diferentes a los ofrecidos en alguna página.
Otro caso muy marcado lo vemos en la Venus de Milo que su imagen frontal, después de mostrarla tantas veces en la caja de cerillos, ha quedado como icono, de tal caso que si la vemos por la parte de atrás no la reconocemos.
Como podrán darse cuenta el problema mayor al que aquí me refiero se puede individualizar a la falta de recursos económicos para trasladarme a Europa y presentarme justo ante la obra. Y como dice la canción, “pero como eso no puede ser, me aguanto, que voy a hacer”. Me queda únicamente seguir viendo las postales con el ángulo que el fotógrafo consideró como el mejor.
*Licenciada en artes visuales
Imagenes
Detalle de Apolo y Dafne
Fotomontaje de Rafael Araiza
Apolo y Dafne de Lorenzo Bernini


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