miércoles, 9 de mayo de 2007

Pintura veloz




Nora Obispo*

Y ahora los artistas visuales —en una vuelta de tuerca más en el Mes de la Lectura y el Libro— fueron llamados a pintar al jardín una obra rápida referente a un texto poético o narrativo. Y ahí estuvimos apurados, trabajando en la vía pública para que la gente viera cómo los artistas plásticos apoyan también el fomento a la lectura.

Pero veamos: conocemos al artista independientemente de su obra, ellos trabajan normalmente en su taller y nos muestran el producto ya terminado; no obstante, jamás —o muy rara vez— enseñan su proceso creativo. Entonces nosotros, espectadores, parados frente a la obra, nos preguntamos sobre el proceso técnico del artista y sus hábitos de trabajo. Pues bien, precisamente eso fue lo que se vio el sábado pasado en el jardín Núñez. Los pintores invitados por la Secretaría de Cultura estuvieron trabajando a la intemperie. Algunos se concretaron a sacar algo rápido por la exigencia del tiempo, sin comprometer sus secretos técnicos, como en el caso de César Burgos, quien con trazo amplio y utilizando como pincel sus manos definió unas formas en negro y rojo utilizando como fondo el mismo color blanco del soporte. Él mismo comentó que —reincidente con su pasada participación en una pintura rápida en apoyo a los niños con cáncer—, experimentó los inconvenientes de trabajar al aire libre con el público alrededor, y otra vez con la premura del tiempo.


Por esto su solución fue trabajar con pocos colores y planear su proceso con anticipación. ¡Pero sí lo hizo rapidísimo!, bien dice el escrito del dramaturgo Luis Valenzuela dedicado al maestro Rafael Araiza, el dibujo es tan sencillo que no requiere arriba de tres instrucciones, “15 años de rigurosa práctica continua y 25 más para atiborrar la unidad central de procesamiento con carretadas de datos, tanto relevantes como inútiles…”

Y hablando de Rafa Araiza, también estuvo presente. Poco le importó estar en el jardín rodeado de transeúntes: sin más ni más se quitó sus zapatos, se acostó en el piso y se clavó en su trabajo sin que pareciera ser afectado por las miradas y preguntas de los sorprendidos y curiosos paseantes. Frente a él estaba otro de los grandes de por acá: Jonatan Aparicio, a quien tampoco le importó mostrar y explicar el proceso de su obra.

Un fenómeno importantísimo y digno de analizar se dio en los espectadores, que al ver el procedimiento se sentían a la vez participantes, como si fueran sus manos a través del artista las que pintaran y su pensamiento el que estuviera fluyendo con las posibles soluciones que cada uno daría ante determinada obra, de ahí sus comentarios “¿Por qué le cambiaste si me gustaba así?, ¿por que tiene el ojo abajo?”.

Algunas personas inclusos dieron su opinión crítica a las obras: que les daba la impresión de que se pasaron, que les hizo falta otro lienzo, que al llegar a un momento de su obra dieron una vista muy agradable para después, llegado el momento de las veladuras como en el caso de Jonatan, de un tiempo a otro se aplanó; o que la obra es saturada de elementos, como ocurrió con César Burgos; o la tal Nora Obispo, que sin hacer caso a comentarios, optó por cambiar el fondo inicial de su trabajo.


En realidad no existe la obra rápida, su realización en tiempo pictórico puede ser hasta en menos de una hora, pero antes de eso le ha llevado meses o años de práctica, aún refiriéndonos a la técnica experimental.

Y mientras se realizaban los trabajos, el secretario de Cultura, Rubén Pérez Anguiano, ahí presente, a veces sentado, a veces de pie, a veces haciendo mosca, (cuando queremos bromear y él sentado tan serio), pero sin bajar la guardia. Nuestro secretario trae un fuere ritmo de trabajo: está presente en cuanta actividad propone, se queda bajo el sol si la actividad así lo requiere y, aunque su presencia no sea tan necesaria, permanece hasta el final, como buen capitán de barco.

Es digno de reconocimiento el esfuerzo de los artistas en esta participación, como también el trabajo y ambiente de los Juanjos, Juan José Murguía y Juan José Arias, que se prestaron hasta para las bromas de ARMA, el reciente grupo de jóvenes pintores en la entidad.

Al final la obra quedó montada en las mamparas con la firma de cada autor, aunque me hubiera gustado que se anexara el texto a que hace referencia cada obra en su respectiva mampara. Esta exposición estará en el jardín Núñez hasta el Día Niño y luego se hará itinerante por los municipios de nuestro estado.


*Licenciada en Artes Visuales

Foto 1 Obra de Rafael Araiza

Foto 2 Obra de Sandra Uribe

Foto 3 Obra de Nora Obispo

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