miércoles, 11 de julio de 2007

Conservación y restauración




Nora Obispo y Wendoline Hernández


En Colima, desgraciadamente, la catástrofe a causa del sismo dio pie a la necesidad de restauración sobre todo en iglesias y algunos edificios. Lo cual evidencia que sí hay preocupación gubernamental por cuidar los bienes culturales pero la sociedad está desvinculada de ello. En verdad la gente no se da cuenta de los objetos antiguos que posee en cuanto a bienes muebles e inmuebles que deben ser restaurados y que para ello hay profesionales. En este caso corresponde a los propios restauradores difundir ampliamente su trabajo.

En ese sentido, es agradable informar que aproximadamente en un mes habrá un taller montado dentro de La Parota en donde se va a estar restaurando el acervo de la misma, así podrá cualquier persona visitar, además del museo, el taller de restauración. Para quienes no conozcan la dirección, el Centro de Artes Gráficas La Parota está ubicado en el centro de la ciudad, por la calle Reforma.

Hasta ahora, los pocos restauradores que hay en la entidad trabajan de manera individual, cada quien hace lo suyo sin preocuparse por una difusión hacia el público, tal vez sea por esto que podamos disculpar a la población, pero, otra vez vamos al mismo cuento: no es apropiado en los departamentos de cultura y del gobierno en general. De pronto es más fácil que den presupuesto para exponer, pero no se toma en cuenta qué va a pasar con esas piezas. Ese es un problema con el que nos hemos venido topando.

Sobre este problema, los que estamos inmiscuidos deberíamos presionar a los que están arriba. Es una labor muy difícil llegar, convencer y corregirle a alguien desde detalles mínimos como —por ejemplo—, cargar una pieza. Hay formas en que una pintura de caballete se transporta, no se agarra de cualquier lugar. También no se trata de abrir museos o galerías, espacios de exposición por todos lados, se trata de abrirlos y mantenerlos ofreciendo un servicio de calidad. Los artistas tienen derecho a exigir sobre los cuidados que les proporcionarán a sus obras al momento de prestarlas. El lugar de almacenamiento debería ser accesible no para el público pero sí para el artista que donó obra, hasta ahora han sido dos o tres los que exigen, pero si organizaran 15 ó 20 personas ya no pueden decirles que no, habrá un momento en que tendrán que abrirles las puertas y que el artista pueda ver qué tan bien cuidada está su obra.

Lo mismo sucede en los archivos, no existe una normatividad de usar el equipo adecuado como guantes o cubrebocas, es una situación preocupante; el uso de guantes es lo más apropiado ya que las bacterias son una materia viva, es caldo de cultivo para hongos. Es necesario que se capacite a bibliotecarios y sobre todo enterarlos del cuidado especial que debe tener cada pieza.

No es lo mismo pintor que restaurador

Son dos carreras completamente distintas, aunque parecieran que son iguales, la gente debe tener cuidado sobre todo con piezas antiguas, restaurar una pintura de caballete no implica volverla a pintar. Es un proceso técnico de restauración largo y minucioso, se debe cuidar la originalidad de la pieza. La restauración debe ser reversible, de modo que, en el futuro, pueda retirarse sin dañar la obra de arte original. Para dar una idea más amplia pondremos el ejemplo (tomado de la revista Vida y estilo. Junio 2005) de El L´Opificio delle Pietre Dure, de Florencia “es el único centro de este tipo especializado en la reparación y restauración de obras de arte que datan desde el periodo del Trecento hasta el Renacimiento, su avanzada tecnología garantiza que las obras maestras de fama mundial reciban el mejor cuidado posible. El personal consta de alrededor de 150 restauradores, seis expertos en historia del arte, un arqueólogo, cuatro fotógrafos y siete expertos en ciencias: tres químicos, tres biólogos y un físico”.

Dentro de las fases de restauración están: hacer pruebas químicas para saber de qué están compuestos cada uno de los pigmentos que lleva cada pintura, qué clase de textil es para saber qué antigüedad tiene una pieza, y a partir de este análisis se decide qué proceso se va a llevar a cabo; cada pieza es completamente distinta y no se emplean los mismos materiales.

Transferir la pintura mural es también posible. Se puede quitar la pintura de un muro y pasarlo a otro. Es un proceso que se lleva a cabo con químicos en el que se devasta, desprenden un poco de muro de tres a cinco milímetros con pintura y esto se adhiere a una tela, parece un lienzo y se puede almacenar, eso se hace cuando el muro tiene problemas irreversibles, sobre todo en los que están por caerse. Se puede guardar por muchos años como pasó con “Una tarde en la Alameda de Diego Rivera, la pintura estuvo enrollada hasta que construyeron el nuevo muro y se colocó de nuevo la pintura.

2 comentarios:

metate dijo...

ta bien chido, gracias!

Feraluj dijo...

Hola tu blog esta muy bien, me gustó y me tomé la libertad de “Linkearlo”
Ojalá te guste el mio y también lo incluyas.
Saludos.
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feraluj