lunes, 26 de febrero de 2007

El dibujo de los niños




Segunda parte (concluye)



Separan elementos contrastantes

Continuando con lo de la conducta observada en varios de mis talleres de niños, puedo concluir que estos menores (de edad) tienden a separar elementos llamativos, detalles muy sobresalientes dentro de un mismo objeto y luego los convierten en un objeto aparte.

Tal es el caso de Carmelita. Ella dibujó un árbol (casi semejante) en el que introdujo un elemento bastante curioso: a un lado de una rama puso un cuadrado con un círculo dentro. Estos elementos estaban fuera del árbol sólo tocando una esquina de la rama. Lo primero que pensé es que había colocado alguna cajita o algún juguete predilecto de la niña, y con esa idea me iba a quedar de no haberme atrevido a preguntarle ya que procuro no intimidarlos cuando no entiendo su trabajo, lo que ocurre constantemente (sólo me sorprenden).

Así es que tímidamente pregunté:

—¿Esta es una cajita?

Y de manera molesta me contestó: —¡Noooooooo!, es la rama que está cortada ¿qué no la ves?

Por supuesto que la había visto pero nunca me imaginé que para ella fuera cuadrada, que las vetas le parecieran como un portillo o agujero y, para rematar, que estuviera colgada fuera del árbol. Tal visión de la niña me hizo pensar que por ser un elemento contrastante no logró unirlo, probablemente no los pudo integrar a nuestra manera adulta de ver. El color, la textura y forma del corte del tronco debió romper con el ritmo de línea que llevaba.

En el dibujo de la botella, Luis exagera las ondulaciones de la parte de abajo, igual que Carmen realza el detalle más sobresaliente. La misma botella dibujada por diferentes niños dieron el mismo realce a las ondulaciones de la parte inferior. Algunos lo hicieron en forma de picos que más bien parecían capas de Batman. Ellos captan los detalles más relevantes de la forma.

El niño se deleita acariciando las formas desde su exterior. Luisito, cuando cree que no le alcanzará la hoja, inicia del lado izquierdo, haciendo los detalles en pequeño. Conforme continúa, va desplazando la mano a la derecha, haciendo más abierto y alargado los detalles hasta terminarlos casi en una horizontal. Y a la par de su movimiento, con la mano va cambiando su cara de insatisfacción, preocupación que probablemente se deba a que no puede controlar su movimiento.

Pero insisto, no despegan su mano hasta salir al extremo de la hoja. Su dibujo es certero, preciso, sin vacilaciones. Una vez que inicia no interrumpe el trazo hasta que lo termina. Es decir, su línea es continua, no la corta para corregir, no despega el lápiz de la hoja hasta que él considera que está terminado. Y si cree que se está equivocando, no borra ni rectifica sino vuelve a empezar.

La buena observación es básica

para aprender a dibujar

El adulto no alcanza a ver todas las ondulaciones y variantes que sigue el curso de la línea que rodea la figura. El niño sí las ve. Los adultos están acostumbrados a ver pero no a observar. Aquí es donde radica la ejecución de un buen dibujo.

No controlan el volumen

La pregunta inmediata del párrafo anterior sería, ¿entonces por qué sus dibujos están desproporcionados? Una respuesta es porque aún no tienen control de su mano, pero otra causa importante es que —a pesar de su buena observación en el contorno de las formas— tienen problemas para calcular la escala, no respetan la proporción de los espacios y no intentan calcular distancias entre una forma ni la distancia entre líneas. Esto da mucha ventaja a los adultos, porque la mayoría también tiene este problema.

Es interesante investigar la percepción e interpretación de formas de los niños, ya que si nosotros pudiéramos conjugar su agudeza visual con la experiencia de un adulto aprenderíamos a dibujar con mayor facilidad y, por supuesto, tendríamos mayor capacidad creativa.

Muchos de los ejercicios que existen para que un adulto se enseñe a dibujar son justamente los que hacen los niños de manera natural. ¿Y a ellos quién se los dijo? ¿Cómo sabe Luisito que se dibuja todo el contorno para enseñarnos a ver los detalles ¿Y quien le dijo a Mauro que, de ser necesario, no despegara la vista del objeto para concentrarse mejor?

Aclaro que me estoy refiriendo a niños menores de los siete u ocho años, ya que su sistema de símbolos cambia enormemente una vez enrolados en las actividades escolares, debido a los nuevos conocimientos recibidos. Cambia su originalidad y creatividad por las nuevas conductas sociales, de manera que un egresado de primaria lo encontramos casi amputado de estas facultades perceptivas.


Nora Obispo


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