jueves, 8 de marzo de 2007

La poesía pictórica de Jonatán Olvera

Nora Obispo*


De la vasta producción pictórica del queretano Jonatán Olvera, analizaré un políptico que ha llamado bastante mi atención y que lleva por título Día de un año. Esta es una obra que contiene una serie de características que la hacen peculiar. Lo más relevante de su contenido es la mezcla entre pasado y presente en un lenguaje poético que caracteriza al autor, aunque creo más conveniente se dé una información descriptiva al tiempo que se analiza dicha pieza. El cuadro está dividido en cuatro partes confeccionado en técnica mixta sobre tela de 60 x
60 cm. cada una, realizada entre 2003 y 2004; la pintura pertenece a la serie Los inquilinos del tiempo.

Encontramos en ella personajes que están o estuvieron, y donde sus movimientos se desvanecen con cada segundo, son imágenes que nos llevan a interrogantes que tanto han invadido en el pensamiento del hombre. ¿Quiénes somos?, ¿qué somos?, ¿qué soy?, si a cada segundo dejamos de ser los mismos; ¿pero los mismo de qué?, ¿de qué tiempo?, ¿los mismos de cuándo?

Como su título lo dice Día de un año, un día cotidiano frente a un melancólico edificio. Este otro aspecto que muestra la obra es la vida desde la “vista” del edificio y de los elementos que lo acompañan, que son: un reloj que nos dice la hora en que acontecen los eventos, una banqueta y una calle por donde transita la gente, así como un fragmento de cielo que va cambiando con las horas.

El políptico nos ofrece dos recuadros en grises y dos a colores acomodados en forma de una cruz diagonal; de acuerdo a su contenido, lo que hace la obra es llevarnos a contemplar cada escena de los recuadros, iniciando con el de la izquierda superior, en éste sus colores indican la tranquilidad de la mañana, y el reloj nos dice que faltan diez para las siete. Tenemos una parte de la pared lateral de la construcción, al fondo esta otra pared y más al fondo, árboles. Es importante observar en éste y los otros recuadros como los puntos de atención van cambiando y el fragmento de la calle se desplaza levemente.

El siguiente cuadro arriba a la derecha: la imagen es la misma pero ahora reproducida en una gama de grises, son las dos treinta de la tarde; la gente que va y viene le da un sentido de agitación a la calle. Un detalle importante de la obra, son los manchones grises que crean un aspecto de ambiente sucio, contaminado. La composición, semejante a la descrita anteriormente, muestra ahora la variante de un desplazamiento de la calle, ocultándose parte del empedrado de la pared derecha y dejándose ver detalles de la izquierda.

En la imagen inferior izquierda —también en grises— la hora puede ser de las tres o las siete de la tarde, el desplazamiento de la calle está más marcado; la gente pasa sin prisa, hay un trabajador de limpieza, que aprovecha el agua de una fuente para lavarse las manos, dejando a un lado de la banqueta el carrito donde recoge la basura; al mismo tiempo un joven pasa en moto tras un bocho. El ambiente sigue sucio con los manchones grises. La iluminación del sol es ya diferente, esto lo demuestra la luz proyectada en la pared alta y sin textura de la iglesia.

En la última imagen a la derecha abajo son las 11:20, la contaminación desaparece y regresa el colorido cálido, acentuado por la luz artificial de los faroles; se pierden los detalles de las paredes por las sombras y el ángulo de la calle ya es diferente. En la composición cambian los focos de atención, que ahora son: el faro por su intensa iluminación y la pareja de enamorados como únicos sobrevivientes de la noche, quienes aprovechan la tranquila y solitaria calle para entregarse al beso.

La obra en su conjunto nos ofrece, aparte de lo poético, un contenido social, cultural e histórico.

Pasado – Presente

Tenemos una arquitectura antigua siglo XVlll, conjugada con un presente siglo XXl. Es un edificio que cuando se construyó no existían los adelantos tecnológicos, y que ahora ve motos y automóviles tirando humo por las calles. Un edificio que ha sido testigo del paso de cada generación; con sus costumbres, cambios tecnológicos, sociales y culturales, por lo que aparte de ser testigo de la historia, nos dice lo frágiles que somos; la arquitectura se queda más tiempo, nosotros nos vamos; estamos como lo muestra la pintura, de paso, el poder del hombre y su grandeza no es más que una figurita que se transparenta en movimientos captados por el tiempo.

Social – Cultural

Jonatán deja plasmada la huella del “Día de un año” del 2004, en donde las actividades del día inician a partir de las siete de la mañana, a las dos de la tarde las calles se llenan por las salidas y entradas a escuelas y trabajos; la contaminación del movimiento de los automóviles está en su mayor momento; en las siguientes horas del día, la circulación por la calles es más lenta y por la noche regresa la calma, desaparece el ruido visual y los paseantes son pocos.

Muestra la pintura algunas actividades de la gente: una mujer va o viene del trabajo, los niños van con el uniforme de la escuela cargando sus mochilas a la espalda; hay también un taxista y un barredor de calles. La gente mayor utiliza ropa más ajustada que los más jóvenes que prefieren la ropa holgada. La moda juvenil se ve más claramente marcada en la pareja besándose: la mujer usa los pantalones a la cadera, flojos y largos que arrastran en el piso, el corte de pelo es corto igual que el hombre; y en el chico su pantalón es flojo y largo igual al de ella y porta un arete en la oreja.

Hago notar que aún cuando la mayoría de jóvenes viste así, muestra sólo una parte de los variados y cambiantes gustos en moda. Tan cambiantes y variados como el arte actual, tan libre de géneros e inestable en estilos, ocasionado por esa libertad que se ha tomado el arte de buscar y explorar todas las formas de expresión.

El trabajo de Jonatán Olvera encuentra su ubicación en el arte actual de un mundo cambiante, y saturado de imágenes como lo relata su misma obra, Día de un año.

*Licenciada en Artes Visuales UAQ








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