
Nora Obispo
El arte es para todos, independientemente de nuestra condición social y capacidades diferentes. Se supone que el arte es una necesidad básica que cumple con una función espiritual-intelectual de expresión.
Pero ¿Qué sucede con el arte popular? Esta necesidad --llamémosla interna-- , debe de ser satisfecha, digo, no creo que haya ser humano que pueda vivir saludable por mucho tiempo sin satisfacerla. El medio alimentador y a la vez de desahogo puede ser cualquiera: la música de Beethoven, la banda grupera de los Súper- narco-héroes del norte; la danza buto, el agrupado vaivén de un concierto de Lucía Méndez; una buena película o una película chafa; una pintura conceptualista o una pintura a la bosrrosiana; un libro de Kafka o los cuentos de Corin Tellado.
Todas las manifestaciones del arte tienen su carencia, su lado pirata, de acuerdo a gustos y bolsillos. Podemos decir entonces que la función del arte bien o mal se cumple. ¿Por qué debería de ser necesario el arte si de todas formas encuentra su desahogo en sus estratos más bajos, a menos que nos detengamos a analizar si esas manifestaciones masivas se consideren arte. Claro, al momento en que se separan una de la otra es en su comercialización. El arte popular está hecho con un fin lucrativo al ciento por ciento, su producción es en volumen, lo que por supuesto desmerita la calidad, aunque esto es difícil notarlo ante la enajenación taladrante e hipnotizadora de la constante repetición con la que se nos bombardea, como en el caso de la música que al surgimiento de una nueva melodía todos tenemos la consigna de escucharla repetidas veces por radio y televisión hasta que ésta cumple con su función de embarrarse en la memoria, hasta crear la necesidad de correr a comprarla, y así todos al unísono repetir:
Cómo me duele, cómo me duele… o
Eres para mí, me lo ha dicho el viento,
Eres para mí, lo oigo todo el tiempo… Lo oigo todo el tiempo.
Y sí que la escucho todo el tiempo, su repetido estribillo lleva el mensaje, adormecedor como la mayoría de los comerciales. Come, duerme sueña, piensa en Cocacola; come, duerme, sueña, fanatízate en el fútbol, come, duerme, sueña, piensa que el mundo cada vez es mejor. Come duerme sueña que tú único papel en la vida es consumir. Vaya, no podemos quejarnos, si lo hacemos muy bien. Ya hasta me gustó el sonidito Come, duerme, sueña… y sigue soñando, (como alguna vez lo dijera el bien ponderado Chava Flores).
Las estrategias de la mercadotecnia son muy buenas, enlazan lo espiritual creando una necesidad material, se basan en necesidades primarias espirituales para satisfacer el cuerpo físico, todo eso me parece bien, pero está enfocado a específicos satisfactores, el amor, el amor y el amor, el amor sexual, el amor insatisfecho, el amor despechado, el enamoramiento-embobamiento. Al menos en la música comercial parece que esa es su misión, estimular la sexualidad, que a su vez sirve para la proliferación de la especie. Woow, qué importante misión, con la falta que nos hace multiplicarnos.
Con el afán de ganarle al otro se encarga la actuación televisiva en los comerciales: las porras a la pereza, con sólo apretar un botón se lava la ropa, y mire estimado lector que en eso de ganarle al otro ahí sí que no entiendo, verán; emiten un comercial que dice si eres lento eres feo, donde se anuncia un auto que se puede manejar a gran velocidad, si querías ser guapo tenías que manejar ese automóvil, y por otra parte, el gobierno se desvive en poner anuncios contra la alta velocidad para eso de evitar los accidentes y por aquello de preservar la vida humana, que tan indispensable es para el planeta. ¿Dónde existirá un acuerdo de los emisores para controlar nuestros gustos?.
Ahora, tratando de ponerle más seriedad a este texto —y antes de que me duerma—, diré:
Esta pereza mental en que estamos sumergidos, ocasionada en parte por el sistema de consumismo y el estilo de vida que llevamos, crea un estado de somnolencia y conformismo del que será muy difícil despertar, porque está claro, ante nosotros, tenemos la contaminación encima con todos los cambios climáticos y daños que esto ocasiona, los cuales se nos revierten, y finalmente los dañados somos nosotros, el planeta se defiende regresando la bola, por otro lado la superación científica y tecnológica no nos ayuda a ser mejores humanos entre nosotros mismos. Y digo que lo tenemos claro, porque si no lo ha percatado, ya se han encargado de publicarlo en periódicos, revistas, libros, (se me olvidaba que la gente no lee), y si no leen entonces para qué le sigo, remataré sólo con una pregunta:
¿El arte de consumo popular es sólo un medio de embrutecimiento?
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