miércoles, 4 de abril de 2007

La dominante Europa

Nora Obispo

“Desde principios del siglo XIX el desarrollo de los museos en el resto del mundo es un fenómeno puramente colonialista, han sido los países europeos los que han impuesto a los países no europeos su método de análisis para el fenómeno y patrimonio culturales; han obligado a las élites de estos países y a los pueblos a ver su propia cultura con ojos europeos. La descolonización ha sido política, pero no cultural.”

Este párrafo de Hugues de Varine-Bohan, se encuentra en el libro Los museos en el Mundo.

Estas palabras han atraído mi atención, es verdad, lo había notado pero no me había dado cuenta por completo, entonces no me queda claro cuál fue la Independencia de México, según sabemos ésta fue para erradicar a los colonizadores españoles. El valiente pueblo mexicano logró derrocar al invasor. Pero el triunfo de la Guerra de Independencia fue a medias, se supone que se dictamina el triunfo de la guerra al quitar el mando del gobierno español y al elegir nosotros a los gobernantes, siendo así, nos independizamos de las órdenes del gobierno europeo, pero ya sus costumbres de vida estaban establecidas en la conciencia del mexicano.

Nuestra dependencia cultural ha sido una lucha escasamente fructífera. La Guerra de Independencia no contempló las cuestiones estéticas. Así, la conquista del mundo europeo acrecentó sus aportaciones culturales quedando suplantada la idea de belleza del antiguo México. Desde la época colonial, el arte, quedó al servicio del clero, se pinta o esculpe siguiendo las corrientes europeas, Saturnino Herrán es el primer pintor al que le atraen los temas de la vida mexicana, su tradición, sus fiestas, el trabajo del pueblo. En su obra La ofrenda, realizada en 1913, muestra un momento de vida popular. Sin embargo la lucha más fuerte por el rescate cultural dio inicio en el Muralismo, con las ideas de la Revolución Mexicana. Es José Vasconcelos quien da la encomienda de pintar los muros públicos, tratando de revalorar el país por medio de la educación y la cultura. Para él hubo que defender estéticamente a la nación, y se valió de la pintura, tal cual hicieron los conquistadores en la conversión teológica a través de la imagen, para crear conciencia sobre la situación social. El Muralismo tuvo dos objetivos: llevar el arte al pueblo, y contribuir con las ideas revolucionarias. Al pintar en los muros de espacios públicos el arte cumple una función histórica al dejar plasmada la situación política del momento, sirviendo a la vez como movimiento de protesta, haciendo que la gente vea en los edificios la opresión del obrero y la casi esclavitud del campesino, pero también la necesidad de agruparse en su lucha contra la corrupción del poder establecido. El movimiento muralista se manifiesta en contra de la pintura de caballete para que ésta no sea adquirida y apreciada sólo por la minoría aristocrática.

Los pintores y escultores en su manifiesto realizado en 1923 expresan:

El arte del pueblo de México es la manifestación espiritual más grande y más sana del mundo y su tradición indígena es la mejor de todasRepudiamos la pintura llamada de caballete y todo el arte de cenáculo ultra-intelectual por aristocrático, y exaltamos las manifestaciones del arte monumental por ser de utilidad pública. Proclamamos que toda manifestación estética ajena o contraria al sentimiento popular es burguesa y debe desaparecer porque contribuye a pervertir el gusto de nuestra raza, ya casi completamente pervertido en las ciudades.

Tales ideas lo reflejan las obras de conocidos muralistas: Rivera, Orozco, Sequeiros. En ellas exaltan los rasgos indígenas, la piel morena, las manos toscas del trabajador; este movimiento cultural a la par del político revolucionario marca sus años de apogeo. Sin embargo los efectos de su ímpetu no traspasaron la superficie del muro, quedaron las ideas solamente plasmadas en los espacios públicos, el deseo de revaloración estética del pueblo mexicano se convirtió en estampas comerciales para los mismos burgueses. El gusto del mexicano por su raza no llega más allá de poseer las réplicas de las vendedoras de alcatraces.

Por lucha no quedó, el Muralismo es el único movimiento pictórico gestado y bien fundamentado en México, aún cuando de manera general no se cumplió su cometido; al menos socialmente dejó valorada la imagen del nativo mexica y el paisaje de nuestra tierra.

El fenómeno cultural europeo no sólo se ve en los museos, está enquistado en nuestra forma de vida.

Y como dijeran por ahí, ¿Y eso qué tiene de malo? Si al final de cuentas ni siquiera podemos considerar que genéticamente seamos 100 por ciento mexicanos. No aplaudo las ideas racistas pero tal vez no nos hemos dado cuenta del concepto en que tenemos a las personas con rasgos mexicanos, que nos remiten a la pobreza y a la delincuencia, o ¿podría usted a primera vista decir que un hombre rubio de finas facciones es un drogadicto malviviente? Lo podríamos creer más fácilmente si nos ponen un moreno de nariz ancha y ropa gastada.

Una tarde caí en esa reflexión, fue vergonzoso para mí darme cuenta de este arraigado aprendizaje: en cierta calle había un panorámico de publicidad que mi mirada pasó de largo, el mensaje visual que me dejó fue sobre delincuencia, hasta la segunda vez que pasé por el lugar me detuve a verlo —y vaya golpe—. Era justo un comercial sobre nuestras raíces, era la imagen de un joven mexicano de perfil junto a un texto que anunciaba un evento prehispánico, pero ¿qué quieren?, el muchacho era todo morenito, con esos rasgos: su nariz regordeta, y su cabello cenizo sin brillo, a lo mejor ni siquiera shampoo usaba.

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